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"Las aventuras de Ognimod"
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guardian
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Registrado: Oct 28, 2005
Mensajes: 8448

MensajePublicado: Mie Jul 21, 2010 12:44 pm Asunto Responder citando

Yo en mis vacaciones sigo poniéndome al día a ratillos. Pero tengo que formularle una pregunta a Domingo: ¿tenías una base escrita años atrás o lo estás redactando todo de primeras ahora?

¡Sigue así, Domingo, que nos tienes enganchados!
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Domingo
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Registrado: Nov 03, 2008
Mensajes: 202

MensajePublicado: Mie Jul 21, 2010 10:21 pm Asunto Responder citando

Si me llego a acordar de todas las facetas que tomó... pero no tenía manuscrito ni "treatment" ni nada, todo se me fue ocurriendo del 2004 para acá. Empezó como unas conversaciones del MSN entre un colega y yo (que ya no se lleva tan bien conmigo como antes, pero sigue dirigiéndome la palabra, al menos), que degeneraron en lo que sólo puedo describir como un crossover chiflado entre nosotros dos, Sonic y quince mil franquicias más. A cada momento cambiábamos de idea sin seguir lógica alguna (Ivory tuvo incalculables nombres y especies alternativas, además de que en un momento llegó a ser hombre). En algún momento implementé que me convertían en zorro para que pagara una culpa. Y todo eso a los 14 años, así que imagínense lo horripilante que se me hace ahora, a los 19. Gracias a Dios esas conversaciones se perdieron, eran como el "Necronomicon" del fanfiction.

En algún momento empecé de cero, pero seguían convirtiéndome en zorro para que pagara una condena, y ahora me perseguía un magnate de los medios que buscaba inventar historias sórdidas sobre mí.

El actual concepto que han leído hasta el momento es que "Ognimod" existe en un contexto donde el único ser llamado "Domingo Hernández" es él. Jamás ha sido humano, y jamás he sido yo mismo convertido en animal. Partiendo de ahí, aprendí sobre los verdaderos "Anónimos" y se me ocurrió hacerlos villanos, excepto que "los que enfrentamos no son los de verdad" (los de verdad me colgarían por la entrepierna entre todos si llego a presentarles con una mala imagen).
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guardian
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Registrado: Oct 28, 2005
Mensajes: 8448

MensajePublicado: Mar Ago 03, 2010 3:32 am Asunto Responder citando

Ya he vuelto de vacaciones y me he leído el sexto capítulo. Así mañana me pongo al día con el séptimo y puedes continuar con tus andanzas y desventuras Very Happy

Respecto al último capítulo que he leído, esta frase es buenísima: "Si se “posteaban” llamas, se cometía el acto de “flaming”, o sea, el de insultar ..." Laughing
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guardian
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Registrado: Oct 28, 2005
Mensajes: 8448

MensajePublicado: Jue Sep 09, 2010 8:28 pm Asunto Responder citando

Domingo, te he movido el hilo al final al subforo de relatos ya que, según estaba tratado, sí tenía su parte de misterio Twisted Evil ¡Pero tienes que retomarlo! ¡Nos tienes en ascuas a todos con lo emocionante que se había puesto la trama! Very Happy
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guardian
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Registrado: Oct 28, 2005
Mensajes: 8448

MensajePublicado: Mie Oct 20, 2010 3:34 pm Asunto Responder citando

Os confirmo que Domingo está pendiente de hacer una serie de viajes para visitar localidades donde debe transcurrir la novela, de ahí que quiera hacer un trabajo de investigación previo. Cuando le sea posible realizará dichos viajes para tener más datos y poder continuar con los capítulos donde lo dejó.
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Domingo
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Registrado: Nov 03, 2008
Mensajes: 202

MensajePublicado: Sab Sep 10, 2011 11:53 pm Asunto Responder citando

Capítulo 8

Salimos de lo que parecía un océano de aguas residuales, agarrándonos a duras penas del pavimento que marcaba la orilla del agua y el borde de la carretera. Ivory estaba irritada, escupiendo, tratando en vano de quitarse el agua de cloaca de la cara. Me va a matar en cuanto salgamos de ésta, pensé. Pero también yo estaba molesto. Soy bastante pulcro, y jamás me había ensuciado de forma tan asquerosa.

-Dominguito, eres grandioso –dijo Ivory sarcásticamente-. ¿En algún momento se te ocurrió revisar a ver si esa escotilla no daba directamente a... dónde estamos?

-No lo sé. Espera... –De pronto reconocí las pasarelas que iban en fila, sobre el inmenso cuerpo de agua, desde un trozo de la carretera a la otra-. Esto es el Guaire. ¡Esto es Caracas...!

Nos encontrábamos en la capital del país, una ciudad inmensa que también quedó despedazada por algún burócrata, pero a cuyos habitantes no suele molestar que no sea ni la sombra de lo que fue. En Caracas, entre más edificios inmensos, mejor, y si los testimonios históricos quedan perdidos para siempre por ello, bueno, “así es el progreso”.

El lugar estaba hecho trizas por los Anónimos. No había un alma en las calles, suponiendo que estaban todos muertos, secuestrados o escondiéndose. Faltaban enormes trozos de edificios, y el aire estaba lleno de humo. En el horizonte se veían incendios gigantescos, resultado de los ataques de los Anónimos. Una cosa inmensa y negra, que parecía un enorme tubo, disparaba rayos LÁZOR de energía destructora por una abertura semejante a unos gigantescos labios rojos. Una especie de tira de goma de mascar blanca gigante, que resultó ser el Gato Largo, se metía por las ventanas de las casas y los edificios, arrasando con todo lo que encontraba en su interior.

Estaba a punto de preguntarme cuánto tiempo habría pasado desde que nos habían capturado, cuando oí un zumbido detrás de nosotros.

Dándonos la vuelta, nos topamos con una escuadrilla de helicópteros piloteados por Anónimos, cuyos cañones apuntaban directamente a nosotros. Los helicópteros eran bastante cuadrados y angulosos, con los parabrisas completamente planos, y los cañones, montados uno a cada costado de un helicóptero, eran lo bastante grandes como para que cupiera un hombre en ellos. Volaban alto, supongo que para tener un mejor ángulo a la hora de dispararnos.

“¿ROFLcópteros?”, pensé. “¡Eso no tiene sentido! ¡Ni siquiera se originan de 4chan! ¿Qué demonios hacen piloteando ROFLcópteros?”

-Cuando te diga, salimos corriendo –susurré a Ivory al oído, porque me pareció que esos cañones debían disparar balas de verdad. Ella asintió.

-¡Deténganse ahí, furries! ¡Ríndanse, y no les haremos ningún daño! ¡Damos nuestra palabra de que nuestro Líder los quiere vivos!

-¿Vivos? –Me vino un pensamiento terrible-. ¡CORRE!

Salimos corriendo. Los ROFLcópteros salieron a perseguirnos.

Nos pareció que corríamos una eternidad. Íbamos sin rumbo, tratando de alejarnos de ellos, pero ellos no disparaban. No habían mentido cuando decían que nos querían vivos. Como en tantas oportunidades, yo continuaba corriendo sin cansarme pese a que, en circunstancias normales, me cansaría enseguida. Pero estaba demasiado ocupado corriendo como para detenerme a especular al respecto. Ivory hacía más ejercicio que yo y por eso no se cansaba tan rápido, pero pronto la noté fatigada.

-¡Mira! –exclamé, haciendo esfuerzos por respirar, correr y hablar al mismo tiempo-. ¡Ahí hay una casa! –Volteé hacia atrás. Los ROFLcópteros estaban bastante alejados de nosotros-. ¡Nos esconderemos contra la pared de un costado y ellos pasarán de largo!

Así lo hicimos. Los ROFLcópteros siguieron de largo sin ver que nos habíamos apoyado contra la pared deteriorada de la casa. No tardaron en darse cuenta, eso sí, de que nos habían perdido de vista. “¡Encuéntrenlos! No tenemos demasiado tiempo antes de que el Líder pierda la paciencia. ¡Ya saben cómo se pone!”, los oí decir. Era un momento perfecto para detenernos a reponer fuerzas.

-¿Por qué querías que corriéramos si no iban a matarnos? –preguntó Ivory.

-Si ese psicópata del Líder nos quiere vivos, es porque quiere matarnos él mismo –respondí-. Esto es ridículo. El único que puede dar la orden de detenerlos es el presidente del país. Y si seguimos huyendo jamás alcanzaremos el Palacio de Miraflores.

-¿Has considerado la posibilidad de que el presidente esté muerto?

-Sí. Por desgracia, mi plan depende de él. Tendremos que esperar que de algún modo, él disponga de recursos para protegerse de Anónimo durante un tiempo. Si no, estamos todos condenados. De todos modos, hasta ahora sólo hemos tenido suerte. ¿Quién quita que la sigamos teniendo?

-¿Suerte? Domingo, no creo que la suerte alcance para escapársele a unos fanáticos como esos.

-No te creas. He corrido como un poseso todo el tiempo, pero tú y yo sabemos que soy incapaz de correr. Y cómo me escapé de mi sala de torturas, y luego me enteré de dónde estabas tú, no sé. Ni hablar de cómo acabé en tu celda. Y, encima, ¡estoy hablando de corrido! Sin... ya sabes... esas pausas... como si me... olvidara de lo que iba a... Quiero decir, que yo siempre pienso con calma lo... que voy a decir, y luego... Bueno, ¿de qué me quejo? Ya me siento como yo mismo otra vez.

Ivory no supo qué decir.

-Si hemos llegado hasta aquí, es porque una fuerza mayor así lo ha decidido, no necesariamente porque... yo tuviera aptitudes para eso...

-Pero tú me has dicho varias veces que uno hace su propio destino. ¿Desde cuándo crees en el destino?

-Nunca he creído en el destino. Pero ahora mismo... no encuentro otra... explicación.

Reponer fuerzas me daba oportunidad para considerar mi situación. Pero en el fondo yo sostenía que el destino no había tenido nada que ver con nuestro parcial triunfo. Pero tampoco la habilidad había influido. Sin embargo, no había fuerza suprema que nos hiciera aparecer mágicamente ante el presidente. Teníamos que encontrar un modo de llegar hasta él, decirle que Anónimo se escondía en... –No, no, no.

-¿”No” qué? –preguntó Ivory.

-Nada, nada, estoy hablando solo.

Me di cuenta de que no habíamos averiguado la localización del escondite de Anónimo. En ese momento me sentí como si me hubiese cansado al mismo tiempo de todas las veces que corrí. ¿Cómo se supone que íbamos a desbaratar la misión de Anónimo si no sabíamos dónde buscarlos? Si nosotros no lo sabíamos, nadie con quien pudiéramos hablar lo sabría tampoco. Estábamos derrotados. Nos teníamos que haber ahogado en el Guaire, contaminado por años de negligencia y ciudadanos desconsiderados. Nos... estaban... reteniendo... bajo... las pasarelas... que los indigentes utilizaban como puentes. ¡Bajo los puentes!

-¡Lo tengo! –grité de pronto-. Anónimo se esconde bajo los puentes. Quizá bajo los de todo el mundo. Porque son trolls... ¡Son trolls! ¡Los trolls viven debajo de los puentes! –Solté una carcajada-. Ahora sí que me va a dar un ataque.

-Literalmente, parece –dijo Ivory.

-El problema sigue siendo que no tenemos cómo llegar a Miraflores. De hecho... ni siquiera sé el camino.

Conozco Los Teques y Los Nuevos como la palma de mi pata, pero son contadas las veces que he visitado la capital. Aunque pudiera volar o correr a la velocidad del sonido, ¿cómo iba a orientarme?

-¡Haberlo dicho antes! –dijo Ivory, con un tono de satisfacción-. Ogni, lamento mucho haberte ocultado tantas cosas de mi pasado. Quisiera darte las gracias por nunca preguntarme nada cuando no quería hablar de ello, pero para el caso, creo que es bueno que sepas una sola cosa.

-¿A qué te refieres?

-¡Yo viví aquí, en Caracas! Y la he recorrido de pies a cabeza. Si alguien sabe dónde está Miraflores en este preciso momento, ésa soy yo.

¡No lo podía creer! Era como descubrir que Tom Ruegger vivía justo al lado mío.

-¡Ivory, eso es fantástico! –Le sujeté las manos-. ¡Te juro mil veces que te amo!

-Sí, sí, pero ¿cómo supones que llegaremos? A pie no llegaremos jamás, y no creo que podamos llamar un taxi.

Mi mente volvió a trabajar a la velocidad del rayo. Eché un vistazo por la esquina de la casa. Los ROFLcópteros seguían buscándonos.

-Secuestraremos un ROFLcóptero. Lo tendremos a la mano para escapar de la ciudad en cuanto logremos lo que tengo planeado. Si acaso... Sígueme. Nos pondremos frente a ellos. Haz lo que yo haga.

-Entendido –respondió.

Corrimos lejos de la casa y nos plantamos en medio de la calle. “¡Nos rendimos! ¡Nos rendimos!”, empecé a gritar, moviendo los brazos. Ivory me imitó.

Un ROFLcóptero bajó hasta nosotros mientras los demás permanecían alerta. Hice señas de que queríamos que aterrizara frente a nosotros. “Preferimos verlos cara a máscara”, argumenté cuando me preguntaron que por qué. Me dijeron que no había problema. Y así lo hicieron.

Un Anónimo salió del ROFLcóptero. Le murmuré algo a Ivory al oído. El Anónimo llegó hasta nosotros y cuando nos iba a esposar, Ivory le pegó en el estómago. Agarré al Anónimo por el brazo y lo arrastré a la carrera hacia el helicóptero para obligarlo a que lo piloteara...

...pero me di cuenta de que el interior del ROFLcóptero presentaba el mismo diseño minimalista que todos los otros aparatos de que disponían los Anónimos. Los mandos no eran más que una solitaria palanca de vuelo con botones, y una manilla para controlar la velocidad. Cerré la puerta y miré al Anónimo, que se recuperaba del golpe.

-Oye, ¿qué clase de ROFLcóptero es este?

Unos golpes como de granizo aporrearon la pared del ROFLcóptero. ¡Nos atacaban, yendo en contra de las órdenes de su Líder!

-Escucha, vamos apurados –dije al Anónimo-. Nos vas a llevar a donde ella te diga o te lanzamos a la calle para que quedes como un colador.

-¡No me importa! ¡Prefiero la muerte antes que la humillación!

-Como prefieras. –Lo golpeé en la cabeza, dejándolo inconsciente, y lo dejé tirado en el suelo- No iba a dejar que lo mataran de verdad –expliqué a Ivory cuando me miró inquisitiva, como preguntándome por qué no lo había tirado por la ventana. Agarré los controles del ROFLcóptero y despegué, huyendo a toda velocidad.

-Estamos bastante desviados –notó Ivory-. Diría que estamos más cerca de los Arcos de Rómulo que de la Río de Janeiro... Haz lo que te diga y llegaremos.

-Gracias –le respondí-. Por esto, y por todas las otras veces que me prestaste ayuda alguna vez.

-No es nada –dijo ella, haciendo un gesto con la mano como de que no tenía importancia.

-Es que... creo que nunca mostré el aprecio suficiente por las cosas que haces por mí.

Ella sonrió.
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guardian
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MensajePublicado: Dom Sep 11, 2011 12:29 am Asunto Responder citando

¡Vuelven las aventuras de Ognimod! Very Happy Y eso significa que el viaje pendiente que resultaba necesario para retomar el hilo de la historia se ha producido.

¡Esperamos ansiosos los próximos episodios, Domingo! De momento voy a releer los últimos del año pasado para enlazar con el que acabas de subir.
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Domingo
Centinela
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Registrado: Nov 03, 2008
Mensajes: 202

MensajePublicado: Dom Sep 11, 2011 9:26 am Asunto Responder citando

Cita:
¡Esperamos ansiosos los próximos episodios, Domingo!


¿"Esperamos"? Si el único que ha estado a la expectativa en un año eres tú Laughing
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guardian
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Registrado: Oct 28, 2005
Mensajes: 8448

MensajePublicado: Dom Sep 11, 2011 3:15 pm Asunto Responder citando

¡Eso es porque Faith no sabe de la existencia del relato! ¡Tienes que avisarla! Laughing Y en cuanto se pase Bows seguro que echa un vistazo a la novela, también.
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Bows-ska
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Registrado: Aug 26, 2010
Mensajes: 380

MensajePublicado: Dom Sep 11, 2011 8:49 pm Asunto Responder citando

guardian escribió:
Y en cuanto se pase Bows seguro que echa un vistazo a la novela, también.


Acertaste Laughing

Aunque he perdido al juego, que conste XD

Sige con el relato, que mola.
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Domingo
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MensajePublicado: Lun Sep 12, 2011 10:23 pm Asunto Responder citando

Capítulo 9

La oficina del presidente, con paredes de madera y piso de mármol, era la única obra de infraestructura que los Anónimos no habían atacado. Esto le resultaba incomprensible al presidente mismo y a sus asesores. ¿Qué razones tendrían esas personas para no haber cometido un magnicidio enseguida? ¿A qué respondía su extraña selectividad al matar primero a los civiles y después a las personalidades? Alguien vino a avisarle que se sabía de sobrevivientes que ya habían sido rescatados. Esto lo llenó de gran alivio, pues el tiempo se acababa y aún no habían podido pensar en cómo harían frente a aquellas extrañas armas. Jamás habían visto nada que se les pareciera. ¿Quién quitaba que no fueran armas comunes y corrientes? Las Fuerzas Armadas no se habían desplegado por el puro temor a lo que esas cosas fueran capaces de hacer.

-No sé qué vamos a hacer –dijo el presidente a un asesor, sentado ante su escritorio ubicado frente a un gran retrato de Simón Bolívar, mientras otros funcionarios corrían de aquí allá, atendiendo llamadas telefónicas y dando órdenes y contraórdenes a todo el mundo-. Están muriendo demasiadas personas y el número de desaparecidos se hace cada vez más grande. Tuve que pedirles a los de la División de Inteligencia que dejaran de traerme reportes, que me estaban empezando a poner nervioso. –Soltó un suspiro de agotamiento- ¿Por qué quieren estas personas matar a todo el mundo? ¿Estarán esperando a que nos rindamos?

-No debemos rendirnos –respondió el asesor-. Pues usted ha dicho varias veces que este país resiste.

-¿Cuánto más pretendes que ponga a prueba al país? No puedo permitir que muera más gente. Ha pasado menos de un día y la mitad de los habitantes han muerto. ¡Y este es un país donde viven veintisiete millones de personas! ¿Quién puede matar a la mitad de veintisiete millones de personas en un día? Pero no tengo ni una sola idea de cómo haré para detenerlos.

-En una de esas, a lo mejor ese arsenal extraño no sea nada del otro mundo.

-¿Una boca inmensa que lanza rayos láser no es nada del otro mundo? Hombre, tremendo razonamiento. Y supongo que esos sapos azules caníbales con cachetes naranja tampoco son nada del otro mundo. –Su tono pasó a ser de derrota absoluta- Lo más increíble es que nada de esto parece provenir de Estados Unidos. Con todo lo que juré que me enfrentaría a aquel país que pretendiera invadirnos, nunca consideré que nos invadiría un país que no fuera enemigo nuestro. ¡Ni siquiera sabemos qué país es!

Miró a su asesor con pesadumbre, antes de decir:

-Si hasta las doce de la madrugada de mañana no descubro qué hacer para detener a esta gente, tendremos que reunir a los sobrevivientes y huir del país. No tenemos alternativa. Me aterra pensar en lo que harán cuando tengan el control de todo.

El asesor se persignó.


-No entiendo.

Volábamos sobre la ciudad en busca del Palacio de Miraflores. Ivory me daba las direcciones mientras yo, piloteando el simplista ROFLcóptero, comprobaba cada cierto tiempo que no nos estaban siguiendo. Los disparos que nos habían dado hace un momento cesaron un largo rato después de que hubimos despegado, como dando a entender que habían dejado de atacarnos. Había hecho una que otra maniobra para despistarlos sin salirme de la ruta, pero no parecíamos haber sufrido ningún daño. Pasábamos por sitios importantes del lado este de la ciudad, de los que no quedaba prácticamente nada. El Sambil, un centro comercial que otrora gritaba “opulencia” y era el santuario de los nuevos ricos y de la clase media-alta (sin ir más lejos, el ambiente era tan incómodo que sólo entré a él una vez), estaba reducido a una montaña de gravilla y escombros calcinados. La Plaza Venezuela, la más hermosa que jamás vi en mi niñez, acababa de ser restaurada por completo, con sus luces de colores que iluminaban una gigantesca fuente, antes de ser convertida en un gran cráter. Kilómetros y kilómetros de edificios desintegrados eran testimonio de que ni un solo rincón del lugar había quedado ileso. Nuestra única esperanza era que, por destruido que estuviera el lado oeste, localización de Miraflores, el presidente siguiera vivo. Cabía suponer que disponía de medios que lo protegieran en caso de guerra contra Venezuela, un escenario que él acostumbraba vaticinar cada semana.

Ivory frunció el ceño, perpleja.

-¿Qué es lo que no entiendes?

-¡No entiendo cómo es que los únicos controles de esta cosa son una palanca y una manilla! Es algo que he notado, como recurrente. El lanzallamas sólo tiene un gatillo. Los intercomunicadores sólo tenían una bocina y una pantalla, y luego está este ROFLcóptero...

-¿Y?

-Que no entiendo quién es capaz de diseñar una... maquinaria que sólo se maneje con apretar un botón. No presto tanta atención a la ingeniería como debiera, aunque me interesa... pero no se puede... diseñar un helicóptero sin que tenga una cantidad enorme de... funciones y que haya que prestar atención a un... montón de... botones, y de... indicadores, y diales. ¡Hasta yo lo sé!

-¿Qué tiene de malo?

-Nada. Pero me pone nervioso. Primero construyen grandes máquinas que funcionan con un botón y luego formulan un plan bastante traído de los pelos... Te diré una cosa; quien diseñó esto, o es un genio... o es de otro planeta. Con algo de buena suerte, lo primero.

Ella no contestó. Miró por el parabrisas, como para comprobar en dónde estábamos.

-Te desviaste un poco –dijo-. Da vuelta un pelín a la izquierda.

-Seguro. –Dicho y hecho. Me asaltaba un terrible pensamiento. Sin nadie que nos persiguiera, me parecía el momento apropiado para expresarlo- Ivory... Perdóname.

-¿Perdonarte?

-Tenías razón. Soy un obsesivo. Me pasé mucho rato tratando de encontrarle sentido a las cosas que dijimos los dos aquel día –porque no las entendí-, y... tú tenías razón. Estaba tan obsesionado contigo que nunca me di cuenta de que te habías hartado de mí. Estoy tan obsesionado con hacerme amigo de la gente, que por culpa de mi nula habilidad social lo único que logro es causarme desgracias a mí mismo, y cuando me doy cuenta es demasiado tarde. Creo que tú y yo no deberíamos seguir viviendo juntos.

-Ogni, no digas eso. Los dos hablamos sin pensar ese día.

-Hablar sin pensar no es lo mismo que equivocarse. Si llegamos a salir vivos de ésta, y recuperamos la casa, te ayudaré a hacer las maletas.

-Pero, Ognimod... eso que dije de irme fue egoísta. Estaba pensando en mí. Si te digo que nada de lo que dijimos tiene importancia, lo digo pensando en ti.

-Precisamente. Lo último que me merezco ahora mismo es que alguien se moleste en pensar en mí. No, Ivory. Es momento de que ambos pensemos en uno de nosotros dos que no sea yo.

Ella se sonrojó, pero su expresión no dejó de ser de desconcierto.

-Además –continué-, ¿recuerdas que argumenté, en mi defensa, que era autista?

-Sí.

-Tú y yo sabemos que me diagnosticaron Asperger en el año 2002. Pero algo me dice que declararse autista podría ser contraproducente en el futuro. Lo esgrimí como una debilidad. Nunca más lo volveré a hacer. Si pude sobrevivir hasta ahora, por suerte o por lo que sea, a Anónimo, entonces no tengo ninguna debilidad.

-Entiendo.

-Por último, si no lo logramos... Quiero que sepas que te quiero. Te quiero mucho. Te adoro. Y no es por llevar el mismo atuendo de colegiala ni tener esos ojos azules. Te amo porque, junto a mi madre, eres la mujer más comprensiva que he conocido. Nadie, fuera de mi madre, me ha soportado más de una semana. Y nadie, fuera de mi madre y tú, lo hará jamás.

Me pareció oír que sollozaba. Se acercó a mí y me abrazó. “Yo también te quiero”, me dijo al oído. Con la mano que no utilizaba para maniobrar, le acaricié las orejas, algo que no había hecho en mucho tiempo y que siempre le había gustado. Recordé aquellos primeros años, cuando ella estaba por decirme algo y luego se retractaba, y el día maravilloso en que finalmente reunió el valor para decírmelo, y resultó ser que estaba enamorada de mí y que quería que fuéramos novios. Me agradaba que estuviéramos en paz, y me sentía dividido en dos. Estaba triste porque no la volvería a ver, pero al mismo tiempo estaba satisfecho, porque ella podría encontrar a alguien que fuera socialmente más hábil que yo, más digno de tener novia --sobre todo una novia como ella. En el fondo, no me sorprende. Siempre he sabido que moriré solo. Pero ahora, por primera vez en mucho tiempo, siento que además moriré feliz.

Llegamos al fin al borde oeste. Miraflores sólo estaba un poco más allá de los restos de los “bloques”, antiguos edificios de apartamentos, de El Silencio. Notamos que había algo semejante a tiendas de campaña de guerra en los alrededores. ¿Quizá habría sobrevivientes? El pensamiento me aliviaba.

-Aterrizaré aquí mismo. El presidente podría estar por aquí –dije. Aterrizar no fue cosa del otro mundo, y Ivory y yo bajamos del ROFLcóptero, llevando con nosotros al Anónimo inconsciente. Fuimos a toda prisa a la entrada de la tienda más cercana. El vigilante, de uniforme militar, nos echó un breve vistazo; pero tras percatarse de que teníamos pelaje, hocico y cola, se sobresaltó y murmuró algo parecido a “¡Ave María Purísima!”.

-Este... ¡Señor! –dije, haciendo un remedo de saludo marcial-. Esto es una emergencia. Tenemos que hablar con el señor presidente. ¿Está aquí?

-Él no está para nadie, ciudadano –repuso el vigilante, temblándole la voz-. No está aquí sino en su oficina. Pero está ocupado y--

-¡Gracias! –Y Ivory y yo dejamos ahí tirado al Anónimo, diciendo al vigilante que lo mantuviera retenido. Salimos corriendo, subiendo por la calle al final de la cual se encontraba el Palacio de Miraflores, y el único que podía salvar al país... y al resto del mundo.

La puerta de Palacio estaba custodiada por otros vigilantes. Se negaban a dejarnos pasar, por mucho énfasis que hicimos en que era una emergencia. Cuando Ivory finalmente les dijo que sabíamos el lugar de procedencia de Anónimo, los vigilantes casi se tropezaron el uno con el otro en la prisa por abrir la puerta. Entramos a toda carrera al lugar, que para sorpresa nuestra estaba intacto. Subimos escaleras y corrimos por pasillos, y por poco no le di una patada a la puerta del presidente.

-¡Déjennos entrar! –gritaba yo, aporreando la puerta-. ¡Tenemos que decirles lo de Anónimo! ¡Tenemos que decirles de dónde están saliendo!

Casi caemos al interior de la oficina cuando nos abrieron. Corrí hasta el escritorio del presidente y me recargué sobre él, resoplando.

El presidente se quedó de piedra. No lo describiré, pero su expresión era de absoluto asombro.

-¿Quién eres tú? ¿Qué eres tú? –preguntó, intentando sonar todo lo cortés que podía.

-Me llamo Domingo, señor –respondí-. Llámeme por ese nombre. En cuanto a qué soy, no importa; no lo creería si se lo dijera. Esta gente –la que está matando a todos- yo sé dónde se esconden. Y sé que están haciendo esto mismo en todo el mundo. Lo que voy a decirle hoy, tiene que decírselo usted a los presidentes del mundo. ¡Tiene que hacerlo, antes de que.... ¿qué día es hoy? ¿Qué hora?

-¿Hoy? –El presidente revisó un calendario de papel-. Hoy es once de noviembre de 2008. Son las siete y media de la noche.

-¡Las siete! ¡Todavía hay tiempo! ¿Tiene cómo comunicarse con los líderes del mundo? ¿Tiene cómo enterarse de lo que sucede en sus países?

-Sí, y sí, pero no entiendo--

-¡Dígales que Anónimo está escondido debajo de los puentes! ¡Quizás de cualquier puente, de cualquier ciudad, de cualquier país! ¡Bajo tierra, bajo el agua, bajo cualquier zona donde haya un puente! ¡Dígales que hay prisioneros que podrían estar vivos, siendo torturados, o esperando a ser torturados! ¡Díganles que tienen que apresar a los Anónimos y salvar a esos prisioneros! Dígaselo a todos, a todos ellos. Incluso a los que no sepan español. ¡Encuentre intérpretes, use clave Morse, aprenda latín y lenguaje de señas si es necesario! Tiene que hacerlo antes de que sean las dos de la tarde de mañana.

-¿Las dos de la tarde de mañana? ¡Pero entonces tenemos tiempo...! Tenemos que planificar cómo se los diremos; puede ser demasiado pronto...

-¡Entre más tiempo se pase pensando en cómo se los dirá, más tiempo tendrá Anónimo de matar al resto del mundo! ¡Y eso lo incluye a usted!

Un guardaespaldas, que parecía uno de los Hombres de Negro, me agarró por atrás y me apuntó con un revólver, pero el presidente lo detuvo.

-Suéltalo, Auyantepui. No sé por qué, pero algo me dice que está siendo sincero. –Me dirigió la palabra una vez que Auyantepui me hubo soltado- Mira... Domingo. No sé si esto funcionará. Demasiados países importantes se empeñan en hablar de Venezuela como si fuéramos una especie de cuna del neo-nazismo. ¿Cómo se tomarán la información que podría salvar al mundo, viniendo de mí?

-Tendrán que hacerle caso –dije resuelto-. Le diré una cosa, señor; la política está llena de competencia insana, los mandatarios del planeta no pueden verse en pintura, y por desacreditarse entre ellos harán cualquier cosa; pero todos ellos, incluso usted, tienen algo en común; y es que ninguno quiere morir. Ahora que sus países mueren, que ellos quizás mueran, están tan desesperados como usted y como yo de que todo esto se termine. Y con tal de eso, aceptarán la información que sea, de quien sea. Se lo prometo.

-¿Pero cómo sabes tú todo esto? ¿Cómo sabes dónde está la base de operaciones de ellos?

-Porque estuve ahí. Y me escapé, junto con la chica que está allí -señalé a Ivory-. Y averigüé qué tramaban. Para cuando sean las dos de la tarde de mañana, pretenden que la población de la Tierra quede completamente aniquilada.

Hubo un silencio breve.

-Está bien –dijo el presidente por fin-. Lo haré.

-¡Un momento! –exclamé-. Hay algo que quiero a cambio.

-¿Qué es? –dijo el presidente. Parecía que estaba dispuesto a dármelo.

-No le diga a nadie, pero a nadie, quién le proporcionó la información. No quiero que nadie en el país ni en el mundo sepa que fui yo.

-Pero... ¿Estás bromeando? ¡Esto tiene que saberlo todo el mundo! ¡Serías famoso!

-Precisamente. No quiero hacerme famoso. No quiero hacerme notorio ante nadie, por la razón que sea. Sólo servirá para que me vaya peor. Además, no creo conveniente anunciar a bomba y platillo que estoy cumpliendo con lo que, esencialmente, es mi deber para con el país.

El presidente asintió.

-¡Ya lo oyeron! ¡Que lo sepan todos; que Anónimo se esconde debajo de cualquier puente del mundo! ¡Que todos los países desplieguen sus Fuerzas Armadas e irrumpan en sus escondites! ¡Que localicen a los rehenes, y que apresen a los atacantes! ¡Que ignoren las armas extrañas! ¡Que todo eso se haga antes de mañana! ¡Y ya que están, desplieguen a nuestras propias Fuerzas! ¡No quiero ni un solo puente que quede sin registrar en todo el territorio nacional! ¡AHORA!

Los funcionarios salieron prestos a cumplir la orden. Uno encendió un televisor, que por satélite mostraría lo ocurrido en todos los países a la vez, en tiempo real. La sola necesidad de los humanos de preservar su propia vida, el instinto natural básico mismo, obró milagros, pues dentro de media hora se empezaron a tener los primeros resultados. Se habían rescatado sobrevivientes de la base que estaba bajo las pasarelas de la Río de Janeiro, en el fondo del Guaire, y en buena parte del resto del continente se habían rescatado a muchos prisioneros y detenido a unos cuantos Anónimos. Para las nueve de la noche se confirmó que la presencia Anónima había sido contrarrestada del todo en Estados Unidos, mientras que en el Medio Oriente los presos rescatados ya estaban recibiendo atención médica. Jamás olvidaré ese día, pues la humanidad demostró un nivel de cooperación que nunca se había visto en la historia, y creo que nunca más se volverá a ver. Me siento orgulloso de haber vivido para presenciarlo, pero jamás argumentaré que todo fue gracias a mí. No se necesita un zorro, ni un científico nuclear, para saber que los humanos tienen la capacidad perfecta de salvar su vida.

-¿Dónde viven? –me preguntó Auyantepui, con una voz grave y profunda-. Los llevaremos a su casa.

-No se preocupe, tenemos en qué irnos.

En el instante en que dije eso, oí un estruendo. Al ver por la ventana, comprobé que el ROFLcóptero en el que habíamos venido estaba aplastado y destruido.

Destruido por el Oso Pedófilo. Por un Oso Pedófilo de 15 metros de altura.

-Teníamos –corregí-. Ivory, mejor será que salgamos. Esto no ha terminado.
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Bows-ska
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MensajePublicado: Lun Sep 12, 2011 11:59 pm Asunto Responder citando

Extraño plan, sin duda, a ver como termina esto...

Espero que domingo trate de descubrir quien esta detras de los ataques, y no se conforme con derrotarle...
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nicohvc
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MensajePublicado: Jue Sep 15, 2011 1:36 am Asunto Responder citando

ahí leí el capítulo 1. Muy bueno domingo! queremos saber más de ese par de furrys!

Sigue así

Leí el 2, muy buena calidad Domingo!
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nicohvc
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MensajePublicado: Jue Sep 15, 2011 5:24 am Asunto Responder citando

bueno ahí lei el 3 y el 4, veo que escribiste muchos! que giros toma el argumento!
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Domingo
Centinela
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MensajePublicado: Jue Sep 15, 2011 7:49 am Asunto Responder citando

Capítulo 10

Salimos de Palacio. El monstruoso Oso, tan alto y pesado que sus pisadas provocaban temblores y hacían agujeros en el pavimento, soltaba horrendos gruñidos de furia. No había mucho que demoler, pues los edificios ya estaban todos demolidos; pero él escarbaba entre los escombros de los Bloques, y al no encontrar lo que buscaba (pues parecía como si estuviera buscando algo), en un arranque de rabia los pisoteaba y reducía a polvo gris y amarillo. Era un desmadre extraño, pues no había gente en las calles ni en los edificios como para que corrieran despavoridos... Pero entonces me acordé de las tiendas de campaña. Sin duda, ahí se encontraban los sobrevivientes de los ataques y quizás los que habían sido rescatados. Ivory, Auyantepui y el presidente observaban atónitos al Oso mientras lanzaba otro de sus ensordecedores alaridos.

-¿Qué es eso? –preguntó el presidente.

-Creo, señor –contesté-, que la pregunta es: ¿qué hace aquí? Y la respuesta es: ¿A quién demonios le importa? ¡Hay que detenerlo!

Y desoyendo advertencias de Ivory, salí corriendo a enfrentarme al oso. El presidente, por su parte, ordenó que se presentara la Fuerza Armada en el lugar de inmediato.

Alcancé el sitio donde el Oso continuaba su desenfreno. Ya había notado las carpas y metido la mano adentro, y de ahí había sacado a una niña pequeña, rubia y vestida con una blusa y una falda. En ese momento me detuve, pasmado. La niña gritaba, mientras los vigilantes de las carpas le disparaban al Oso; pero su piel era tan espesa que las balas le rebotaban, como si estuviese hecho de gelatina. Miró a la niña a los ojos, y pude jurar que se había relamido... y no era precisamente porque iba a comerse a la niña. No con los dientes, al menos. Sus ojos brillaban con una malicia pura. No pude evitar ser invadido por una ira casi asesina.

-¡SUÉLTALA! ¡PONLA EN EL SUELO! ¿ME OYES? ¡PON A ESA NIÑA EN EL SUELO AHORA MISMO!

El Oso volteó a ver justo al sitio donde estaba yo, como si hubiera estado esperando que me dirigiera a él. El modo en que volteó su gigantesca cabeza era casi mecánico, como si respondiera al más primordial de los instintos. Me miró un rato, para reconocerme; y entonces soltó un grito que no podía expresar otra cosa sino triunfo. Al parecer, había estado buscándome a mí, para cobrar venganza de cuando le quemé la garganta. ¡Y me había encontrado!

Dejó a la niña en el suelo. Dio un par de zancadas hasta mi posición... y justo cuando iba a agarrarme, me le escabullí y le clavé las garras en un pie.

¿Las garras? Un momento, ¡si jamás he tenido garras! Aunque sea un zorro y tenga pelaje, hocico, orejas y cola bastante visibles, allí en donde me encuentre, lo que nunca he tenido son garras, ni dientes afilados. De hecho, ando en dos piernas, así que no tengo la costumbre de abalanzarme sobre nadie para atacarlo. Ni siquiera cuando me rebané un trozo de dedo y la uña me creció torcida desde entonces, desarrollé algo que pudiera parecerse a una garra.

El Oso no podía verme. Gritaba y miraba al suelo en todas direcciones. Al parecer, me había agarrado a su pie justo cuando él me iba a levantar del suelo. Me miré la mano. Seguía teniendo uñas (aunque no estaban hechas de lo mismo que están hechas las uñas humanas). De pronto el pie sobre el que me encontraba comenzó a moverse y el Oso se puso a correr descontrolado, así que me agarré al pie otra vez... y entonces me di cuenta. Tenía uñas, no garras. Nunca he tenido garras. Pero mis uñas se clavaban en el pellejo del Oso como si fuesen garras, de modo que podía sujetarme a él. Se me ocurrió una idea...

...pero tuve que desecharla, porque en ese momento aparecieron helicópteros que enseguida reconocí como de las Fuerzas Armadas Nacionales. Se me había ocurrido trepar hasta la cabeza del Oso y tratar de hacerle daño desde ahí, pero los helicópteros le disparaban al Oso con toda su potencia de fuego. Era inútil, pues a él le rebotaban -y pegando zarpazos derribaba los helicópteros, que estallaban contra el suelo-, pero a mí me podían dejar hecho un colador.

Me incorporé, agarrándome a la pierna del Oso, pensando en qué haría para controlarlo yo mismo. Pero en ese momento vi unas horribles explosiones en el aire.

Uno por uno, en escalofriante secuencia, los helicópteros nacionales explotaban en gigantescas bolas de fuego, como si éste hubiera surgido de pronto para comérselos; destruidos irremediablemente, y muertos sus pilotos, por los misiles que disparaba un ROFLcóptero... un ROFLcóptero más grande que los que había visto. Además de cañones, este tenía lanzamisiles, en cuyos costados estaba escrito “OMG”. Y algo me decía que también debía de soltar WTFbombas.

-¡ENGENDRO ASQUEROSO! –gritaba alguien por un megáfono ubicado en lo alto del ROFLcóptero, pero no a mí, sino al Oso-. ¡ESTÁBAMOS BIEN Y TÚ TE TENÍAS QUE SOLTAR! ¡JURO QUE VOY A EMPALAR AL HIJO DE PERRA QUE TE HAYA PUESTO DE ESE TAMAÑO!

Reconozco esa voz, pensé. Vaya si la reconozco. Y vaya si este no es el peor momento para oírla.

El Líder.

-¡UNO CREE QUE LO ÚNICO QUE LE QUEDA ES ENCONTRAR A ESE DESGRACIADO ZORRO Y SACARLO DE SU MISERIA Y DE SU VIDA –Y QUIÉN SABE, QUIZÁS, SÓLO QUIZÁS, HASTA RECONSTRUIR SU BASE Y PLANEAR OTRO MODO DE VENGARSE DE ESTE PLANETA- PERO NOOOOO! ¡A ALGUIEN SE LE OCURRE TOMAR DECISIONES SIN PERMISO MÍO! ¡A ALGUIEN SE LE OCURRE SOLTARTE A TI PARA BUSCAR AL ZORRO! ¡PERO LO ÚNICO QUE LOGRA ES DESPEDAZAR LO QUE QUEDABA DE LA BASE –Y ENOJARME A MÍ! ¡TOMA!

Y le disparó unos OMGmisiles al Oso en medio de los ojos. Éste dio un grito lastimero y cayó muerto, mientras su frente salía despedida en pedazos. Yo caí de cara, dándome un golpe en la nariz que me la rompió. Los anteojos se me partieron. El estruendo de la caída del Oso fue ensordecedor, y el pavimento se hundió. Me levanté como pude... pero el Líder me había visto. Me alumbró con las luces cegadoras del ROFLcóptero.

-Ahhhh. Ahí estás... –dijo, al principio con serenidad, después embriagado de furia-. ¡AHÍ estás! ¡QUÉDATE QUIETO!

-¿Por qué de pronto hablas en singular, Líder? ¿Qué pasó con eso de que tú solo eras muchos?

-¡CÁLLATE!

Salí corriendo antes de que él pudiera dispararme. Y otra vez corría como si hubiera nacido para ello. A esas alturas, ya no me interesaba saber por qué. Corría y corría, mientras que las balas y los misiles del Líder explotaban atrás de mí. En un momento, él soltó una WTFbomba y yo salté por encima de una barda para esquivarla. La explosión tenía un rango bastante amplio y el radio de acción me hizo salir volando, pero me levanté y seguí corriendo lo mejor que podía... hasta que, justo frente a una antiquísima valla publicitaria ubicada en lo alto de un edificio, me tropecé y me caí.

El Líder me alcanzó. El megáfono emitió una risa aguda y despiadada.

-¡Estás muerto! Eres mío. ¿Pensaste que podías huir de mí? Ahora, de tu maldita perversidad sexual no quedará más que un cráter –apuntó los lanzamisiles y los cañones contra mí-. ¡Y LO MISMO LE PASARÁ A TU NOVIA! ¡ANÓNIMO NO OLVIDA, NO PERDONA! ¡SOMOS LEGIÓN!

Y justo cuando el Líder estaba por disparar, justo cuando Ognimod se veía morir, una incontrolable furia se apoderó de él...

¡...y me acordé del lanzallamas!

Lo saqué de la funda. Estaba dispuesto nada más y nada menos que a matar.

-¡YIFFEA EN EL INFIERNO, FURRY!

Y en ese momento jalé el gatillo hasta el fondo, al tiempo que gritaba de pura ira.

El lanzallamas echó una bocanada de fuego tan grande que engulló al ROFLcóptero por completo. El Líder gritaba de desesperación. Había perdido el control, y se estrelló, envuelto en llamas, contra la valla, atravesándola, para caer al suelo y ahí explotar en una pira que hubiese superado en espectacularidad y grandeza a la explosión del Hindenburg. Una hoguera de las proporciones de Gargantúa, que garantizaban poco menos que la destrucción, total y absoluta, del Líder. De él no quedarían más que unos huesos desintegrados cubiertos por los restos de un traje, una corbata y una máscara.

Ivory, Auyantepui y el presidente llegaron corriendo. Me ayudaron a levantarme. Ivory me abrazó como si nunca lo hubiera hecho.

Pensé en lo que acababa de hacer... Había matado al Líder, lo había matado. Y me prometí que nunca mataría a nadie más con ese lanzallamas. Fuera de que suelo matar mosquitos cuando molestan mucho (y cuando son de esos que transmiten enfermedades), siento un incalculable respeto por la vida, cualquier vida. Matar a alguien, aunque fuese al Líder, es lo último que me pasaría por la cabeza. Y eso que a los cuatro años jugué bastante al Doom II.

Me preguntaba qué haría. ¿Me confesaría ante un sacerdote? Tal vez. Siempre he estado muy orgulloso de no dedicar mi tiempo a encajarles mi religión por la cara a otros. Pero no se puede hacer recuento de los sucesos de esa noche sin acotar que consideré la posibilidad de confesarme. Al Líder, y a aquel otro Anónimo, allá en la base, los había matado con sus propias armas. Y si quería la conciencia limpia, no tenía más remedio que recurrir a quienes tenían permiso para sacarle brillo.

-¿Está muerto? –quiso saber Ivory. No supe cómo contestarle.

Sin saber por qué, me acerqué al ROFLcóptero. Había caído de morro, y el parabrisas estaba destrozado. Ivory se aproximó a mí.

-Terminó, Ivory –dije-. Todo terminó. Volvamos a casa.

Y nos volvimos hacia el presidente. Cuando volvamos a casa, pensé, será mejor que aproveche bien la última noche con Ivory. Dejaré que ella decida cómo. Sonreí pensando en lo bien que lo íbamos a pasar. En que podría marcharse feliz de que, por una vez, pensé en ella en vez de en mí.

Estreché la mano del presidente.

-Muchas gracias por su ayuda, señor –dije-. Esto ha sido--

Un vidrio crujió. Cuando todos volteamos a ver, una mano emergió del parabrisas del ROFLcóptero. Le siguió un cuerpo completo, que se acercó a mí, me agarró por el cuello y salió corriendo con una velocidad absoluta e indiscutiblemente sobrehumana.

El Líder estaba vivo.

Todavía no se había terminado.
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