Usuarios Usuarios en total: 20180 Nuevos hoy: 0 Nuevos ayer: 0 Último usuario: VaroMichael Más usuarios en línea Usuarios: 1 Anónimos: 14142 Total: 14143 Usuarios en línea Total en línea: 291 Anónimos en línea: 290 Usuarios en línea: 1
Publicado: Mar Ene 14, 2025 10:15 pm Asunto: Reconciliación
RECONCILIACIÓN
España tiene cosas muy positivas y otras que no lo son en absoluto, y dentro de lo bueno, están sus pueblos y paisajes, repletos de historias, con lo que, no es de extrañar que muchas personas, tanto de aquí como del extranjero, recorran rutas de la España profunda y queden maravillados con su naturaleza, sus pueblos y sus gentes. Lourdes era una de esas personas que gustaban de perderse ocasionalmente por su propio país. Una de las cosas que más le gustaba era la arquitectura; no obstante, cuando visitaba lugares de fe lo hacía con una sensación de amor-odio, pues ella estudió en su infancia en un colegio religioso del que no guardaba buenos recuerdos porque había ciertos compañeros de clase que le hacían la vida imposible y los profesores no parecían hacer nada para ayudarla. El peor era Salva, que se notaba que era el líder y no se le ocurría nada bueno; era el que más la hacía llorar e incluso una vez le pegó una paliza. A veces, los recuerdos pesan más de lo que deberían…
En uno de esos días en los que recorría una ruta, Lourdes estaba conduciendo cautamente por la carretera, dado que se había puesto a llover copiosamente e incluso amenazaba tormenta eléctrica. Escuchó repentinamente un estruendo y notó que su coche no se desplazaba del todo bien, así que aparcó junto al arcén, se bajó del coche y se percató de que uno de los neumáticos había reventado. Lourdes abrió el maletero para buscar los triángulos, el gato para levantar el vehículo y la rueda de repuesto; lamentablemente, hace unas semanas tuvo otro pinchazo y no recordó comprar un neumático de repuesto. Por suerte, cerca de donde paró Lourdes había un cartel indicando que a trescientos metros de allí se encontraba una gasolinera, así que decidió colocar los triángulos, cerrar bien el coche y dirigirse hacia allí para conseguir un par de neumáticos de repuesto. Uno de los empleados de la gasolinera le ayudó a llevar hasta su coche los neumáticos e incluso le ofreció ayudarla a cambiarlos, pero Lourdes dijo que mejor los cambiaba ella para que el empleado no estuviera mucho tiempo fuera de su puesto. Colocó uno de ellos en el maletero y se dispuso a cambiar otro, tratando de hacerlo lo antes posible porque la lluvia la estaba calando y comenzaban a vislumbrarse los primeros relámpagos.
Cuando terminó de cambiar el neumático y estaba guardando el gato y los triángulos para volver a ponerse en marcha, un coche paró junto a ella y se bajó un hombre con un impermeable que le preguntó si necesitaba ayuda. Ella dijo que no y agradeció la intención del extraño, pero este pronto mostró lo que intentaba hacer realmente… Sacó del interior de su ropa una pistola Glock 17, que muy seguramente habría adquirido en el mercado negro, y conminó a Lourdes a entregarle las llaves del coche y el dinero mientras la encañonaba. Ella estaba apoyada en el maletero aún abierto, aterrorizada, y entonces palpó con una de sus manos el husillo del gato que usó para cambiar la rueda. Desesperada, agarró firmemente el husillo y dejó que se acercase el criminal, y cuando lo tuvo justo delante, le golpeó con el husillo de manera violenta en la cabeza y salió corriendo campo a través. El hombre se quedó aturdido un instante por el dolor del golpe y comenzó a perseguir a Lourdes, que no paraba de gritar pidiendo ayuda.
Gritaba desesperadamente, pero no parecía ser escuchada por nadie, y para colmo, la tormenta era cada vez más fuerte, incluso rayos se veían en el cielo. Tras un rato de carrera, Lourdes pudo ver a lo lejos una ermita y corrió hacia ella con la esperanza de encontrar a alguien que la ayudase, pero poco antes de llegar, el criminal le disparó varias veces, acertando dos de los proyectiles de nueve milímetros en el costado y en un muslo. Lourdes siguió avanzando como pudo, y aunque se desplomó en la entrada, presa del dolor, su miedo era más fuerte que sus heridas y se adentró hacia la ermita arrastrándose. El edificio parecía estar en reformas, pues parte del techo se había desplomado y en una de las paredes del exterior descansaba un andamio.
Las fuerzas de Lourdes llegaron a su fin y se quedó apoyada en los escalones que llevaban al altar mientras que el hombre del impermeable entró y se acercó lentamente hacia ella, como si quisiera jugar con su presa. Por desgracia, no había nadie para poder ayudar a Lourdes; tan solo estaba Cristo colgando de su onerosa cruz como testigo mudo de tan terrible crimen. Tras acercarse lo suficiente, el criminal, bañado por la lluvia que caía sobre él a través del ruinoso tejado e iluminado a contraluz por los destellos de los relámpagos, apuntó con su pistola a la desdichada mujer. Lourdes cerró los ojos como si todo fuera una pesadilla que deseaba por todos los medios que se desvaneciera, y cuando el hombre estaba a punto de apretar el gatillo, un rayo cayó sobre él. Ella abrió los ojos al oír tal estruendo y vio a su perseguidor caer fulminado al suelo, humeando. Tras ello, Lourdes aunó todas las fuerzas que le quedaban y trató de ponerse en pie, pero tras dar unos pasos, su cuerpo no pudo aguantar más y se desplomó cerrando los ojos, como si en el fondo aceptara su destino.
Pero sus ojos se abrieron de nuevo, y lo primero que vio fue que la tormenta había cesado y el cielo estaba completamente despejado. Trató de levantarse y notó que no le costó nada. Sorprendida, palpó su costado y su muslo donde aquel malhechor le había disparado pero no vio sangre en su mano, y ni tan siquiera su tacto percibió ninguna herida. ¿Habría venido alguien a atenderla? Miró a su alrededor y observó un tenue brillo en el altar. Allí, puestas de pie, se encontraban dos balas de nueve milímetros con lo que parecía ser sangre seca. Lourdes contempló atónita los proyectiles y después alzó la vista casi instintivamente para mirar a Jesús. ¿Acaso se obró un milagro? ¿Se vio forzado el Señor a actuar viendo cómo sufría su hija? Lourdes, emocionada, rompió a llorar, se acercó a la imagen del Mesías y le besó los pies.
Decidió llevarse las balas como recuerdo de lo acontecido aquí, pero cuando se encaminaba a la salida, se fijo que había algo junto al hombre fulminado que parecía ser una tarjeta. Lourdes la recogió y vio que era un DNI medio chamuscado, probablemente del sujeto que la persiguió. Se fijó en la foto y su cara se le hizo conocida; entonces leyó el nombre y supo al instante quién era: Salvador López Montero. ¡Salva! Los recuerdos sobre él y todo el sufrimiento que le había causado a Lourdes comenzaron a brotar de su mente. Con esto último, ella se quedó aún más descolocada y sorprendida por lo ocurrido. ¿Toda esta situación ha sido obra y gracia de Dios? ¿Había sido testigo de una auténtica venganza divina? No se sabe lo que ocurrió realmente, pero Lourdes, quien hasta entonces había recelado de la fe debido a sus malas experiencias, comenzó a acudir frecuentemente a misa. Si lo que pasó aquel día fue responsabilidad del Altísimo, entonces tenía que agradecerle como es debido que hubiese vuelto a vivir.
Puede publicar nuevos temas en este foro No puede responder a temas en este foro No puede editar sus mensajes en este foro No puede borrar sus mensajes en este foro No puede votar en encuestas en este foro