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"Las aventuras de Ognimod"
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Autor Mensaje
Bows-ska
Torturador
Torturador



Registrado: Aug 26, 2010
Mensajes: 380

MensajePublicado: Jue Sep 15, 2011 11:23 am Asunto Responder citando

¿Quien sera el lider? ¿sera el Dr gang? ¿sera trolldad? ¿sera un gufi guber? En el proximo episodio Laughing
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Domingo
Centinela
Centinela



Registrado: Nov 03, 2008
Mensajes: 202

MensajePublicado: Vie Sep 16, 2011 2:43 am Asunto Responder citando

Capítulo 11

Me desperté. Me encontraba tirado boca abajo sobre un piso de cemento. Incorporándome, traté de echar un vistazo alrededor, para ver si reconocía en dónde estaba. No llegaba más luz que la de la luna, y a donde mirara sólo era capaz de distinguir columnas de piedra en todas partes. No había muebles... y, cuando casi me caigo por lo que semejaba una gran ventana al tratar de dar una vuelta por ahí, me di cuenta de que tampoco había paredes.

Era un edificio en obras. La palabra clave es “era”, porque al echar un vistazo a la calle me percaté de cuál edificio se trataba.

El “Eduardo Blanco”. Un edificio que había estado en construcción desde 1999, para servir como la nueva sede de la Fiscalía, pero que nunca fue terminado. Se suponía que lo iban a demoler hoy, pero estaba claro que cierto enmascarado se había encargado de que no fuera así.

Traté de ver en qué piso estaba. Debía estar en alguno de los pisos superiores. En el centro había una escalera desde donde se podía acceder a los demás pisos; sin duda la hubiesen quitado de ahí cuando el edificio estuviera en la última fase de construcción. El Eduardo Blanco se llamaba así por el tipo que había sido capataz de los que participaron en su construcción.

Por una vez, no me iba a resultar tan peliagudo escapar. Tan sólo tenía que ir hasta el piso más bajo y salir por lo que hubiese sido una puerta. Ah, pero todavía estaban esas barreras de zinc y alambre de púas que habían puesto alrededor. Pero hasta eso era fácil de sortear. Aún debían quedar herramientas de cuando empezó la demolición esta mañana; alguna me serviría para algo.

Y entonces, de improviso, oí una declaración de intenciones detrás de mí.

-Cuando acabe contigo –dijo el Líder-, a uno de los dos le van a faltar los órganos internos. Y no voy a ser yo.

Me volteé a verle. Ahí estaba el Líder, completamente intacto, como si la incomparable explosión de su ROFLcóptero no le hubiera hecho ni un rasguño. Su traje seguía igual de impecable, y él estaba parado derecho sin una sola lesión. Y yo, con la nariz rota, y todos los músculos a punto de explotar.

Empuñé el lanzallamas, sin saber cómo diablos iba a defenderme de él sin dispararle. Pero, al probar a disparar al aire, no funcionó. Parecía que se le había acabado el combustible. Me quité la mochila de la espalda; ya no iba a poder defenderme.

El Líder se quitó el saco, lo tiró a un lado y extrajo un revólver de su bolsillo.

-Esto es el fin –dijo-. Tú y tu novia han muerto.

Y me le lancé encima como un tigre, arañándole la cara y quitándole el revólver de las manos. El revólver cayó del edificio y vino a dar contra el suelo varios pisos más abajo. El Líder me pegó un puñetazo para apartarme de él, pero yo volví a arremeter y le mordí una pierna. Como es de esperar, me lastimé la mandíbula como un tonto, pero el Líder estaba genuinamente sorprendido. No se esperaba que pudiera atacarlo de esa manera...

Y entonces comprendí cuál era esa fuerza misteriosa, aquel instinto que me hacía correr sin cansarme, morder al Líder y agarrarme de la pierna de un Oso Pedófilo gigante. Era la misma fuerza que impulsó a la humanidad de la Tierra a defenderse, la que los hizo repeler la invasión en menos de tres horas. No se me ocurrió que también aplicaba a mí.

Era el deseo de no morir. Era la obligación a permanecer vivo. Pero aquello que me obligaba a permanecer vivo era más fuerte que la necesidad más básica del hombre, o las bombas de cualquier ejército. Sólo cuando el Líder mencionó por segunda vez que Ivory iba a morir lo entendí del todo.

Lo miré. Estaba ahí parado, como sin saber qué hacer. Lo enfrenté directamente; y estaba en perfecta posición para hacerlo. Yo no llevaba una máscara.

-¿Qué te pasa, Líder? –inquirí con sorna. Me había puesto a cuatro patas, aguantándome sobre los dedos de las manos y de los pies como un zorro de verdad, andando en círculos alrededor de él, dando la impresión de que iba a cazarlo-. ¿No eres lo bastante hombre para pelear sin armas? Porque ya sé que no eres lo bastante hombre para pelearte con uno de tu especie.

-¿Qué sabes tú de mi especie?

-Dieciocho años me han hablado muy bien de ella, para tu información –aseguré-. Los humanos no son muy diferentes de mí ni de Ivory. La única diferencia que puedo determinar en este momento es que ellos no tienen pelaje ni cola ni hocico ni orejas puntiagudas. En cambio, puedo diferenciarlos mucho de ti, que no eres más que un maldito asesino sin alma. ¡He conocido violadores en serie más decentes que tú!

-¡NO TE PERMITIRÉ QUE ME INSULTES!

-¿Insultarte? ¡Aún no te he insultado de verdad, sucio y rastrero COBARDE! ¡Te crees más poderoso que el resto del mundo porque traes una máscara! ¡Pero detrás de la máscara eres un COBARDE, UN COBARDE! ¡NO PODRÍAS HACERLE FRENTE A UN KARATEKA SIN PIERNAS! ¡NO TIENES LOS COJONES DE ENFRENTARTE A NADIE DIRECTAMENTE, NI SIQUIERA A TUS HOMBRES, PORQUE ERES UN MALDITO Y DEGENERADO COBARDE!

-¡Y TÚ ERES UN ANTINATURAL, UN ABERRADO! ¡TE DEBERÍA DAR VERGÜENZA SALIR A LA CALLE! ¡ERES UN PERVERTIDO ASQUEROSO! ¡QUIÉN SABE QUÉ COSAS HACÍAN ESA ARDILLA Y TÚ EN SU HABITACIÓN! TÚ TAMPOCO TIENES LOS COJONES DE DECÍRMELO, ¿VERDAD, MALDITO HIJO DE PERRA?

-En realidad, mi madre es una leona –repuse inflado de rabia-. Y tú eres una desgracia para la especie humana... no, ¡para TODAS las especies conocidas de la Tierra!

Esto fue suficiente para que el Líder perdiera el resto de su paciencia. Los dos nos lanzamos uno sobre el otro a un tiempo y caímos al suelo. El Líder me pegaba puñetazos en los pómulos mientras yo lo arañaba en el rostro. Era una lucha bastante pareja; uno luchaba por matar, el otro por sobrevivir. Y el que lucha interminablemente por cualquiera de esos dos motivos suele ser bastante fanático a la hora de razonar. Nada es capaz de detenerlo. Nada era capaz de separarnos.

El Líder y yo alcanzamos a ponernos de pie. Él me agarró por el cuello y me volvió a tumbar contra el suelo para asfixiarme, pero de un zarpazo lo aparté. Con rapidez me levanté y bajé corriendo las escaleras que llevaban entre un piso y otro. Me detuve en uno de los pisos del medio.

Pasó un largo rato. Mi intención era perder al Líder, para hallar una oportunidad de atacar por sorpresa. Me pregunté qué sería de Ivory en ese momento.

-¡Ahí está! ¡Ahí está! –gritaba Ivory, cuando vio el Eduardo Blanco a lo lejos.

-¿Pero cómo puedes saber tú eso? –preguntó el piloto del helicóptero que había salido a buscar a Ognimod. Ivory, naturalmente, no podía decirle la verdad.

-Es una corazonada –dijo al fin. Luego murmuró para sí: -¡Gracias! ¡Gracias!


Me preguntaba si el Líder estaría ya a mi alcance. Quizás sí; por otro lado, quizás no. No podía confiarme. Eché un vistazo hacia arriba de la escalera cuando de repente él cayó por el hueco de la misma hasta donde estaba yo, como si la hubiera bajado de un salto. Me dio un golpe que me tiró al suelo. Caí de espaldas. Él se acercó a mí lentamente, teniendo cuidado de pisarme las manos antes de que pudiera levantarme. Así se aseguraba de que no lo rasguñaría.

Se inclinó sobre mí. La noche, el que él estuviera en cuclillas, y la máscara que le tapaba toda la cara, le daban un extraño aspecto como de pantera. Se había vuelto a poner el saco.

-¿Creíste que podías vencerme, furry? –dijo, no sin antes reírse con aires de triunfo-. Pues no debiste haber creído tal cosa. Este es el último error que has cometido, Ognimod. Y ahora, para la más grande, y la última, explosión que presenciarás en tu vida... observa este explosivo.

Se sacó de las profundidades del saco una cosa cilíndrica de metal. Estaba cubierto de luces intermitentes.

-¿Qué es eso? –pregunté-. ¿La granada de SA? ¿Sabes que un amigo de Babette L. Jackrabbit es miembro de ellos?

-Oh, no, esta bomba la diseñé yo mismo –declaró el Líder, como si se sintiera orgulloso de haber diseñado su propia bomba-. Cuando la accione, el edificio se destruirá, y con él se destruirá cualquier cosa viva que esté en él... ¡incluyéndote!

-E incluyéndote también a ti –le recordé.

-No, no, para nada. Yo ya estaré muy lejos.

Se disponía a tocarle unos botones a la bomba cuando finalmente pude quitar las manos de debajo de sus pies. Él se cayó y la bomba salió despedida de sus manos. Con una ahogada exclamación de pánico, atajó la bomba en el aire y se la guardó de nuevo. En ese momento, le golpeé en la cara tres veces, hasta que lo hice caer de cara.

Lo agarré por la nuca y le azoté la cabeza contra una columna varias veces, hasta que con un nuevo golpe lo tiré al suelo. Por la camisa del traje se le veían un montón de magulladuras, y la cabeza tenía una mancha de sangre que casi empapaba la máscara.

El Líder se rió.

-No me imaginé que serías capaz de llegar a tales extremos para salvar tu patético trasero –se burló-. Pero mientras yo siga existiendo, Ognimod, seguirá habiendo posibilidad de que te mate. Soy invencible. Mientras yo siga vivo, nunca ignorarás que mi venganza irá directamente contra ti, y no podrás escapar de ella, porque allí donde vayas, cualquier persona, o cosa, con la que te encuentres, podría ser yo. No puedes eliminar aquello que no sabes qué es, pero aquello sí sabe qué eres tú. ¡Y eso le trae ventaja! –Tosió-. Terminarás viéndome en tus pesadillas, y acabarás más esquizofrénico de lo que estás ahora. Y nunca podrás deshacerte de mí. A no ser... –su tono de voz pasó a ser conspiratorio- que recurras a tu única salida. ¡Mátame! ¡Destrúyeme! Sólo así podrás dormir tranquilo durante el miserable resto de tu vida. De lo contrario, nunca dejarás de alucinarme. De alucinarnos a todos.

Me acerqué a él. Lo levanté del suelo.

-No –murmuré-. No soy como tú. No soy un asesino. Tú irás a la cárcel, donde tendrás un destino peor que la muerte.

El Líder dio una carcajada.

En ese momento me pareció que de él parecía emanar una luz. Mi expresión fue entre sorpresa y desconcierto. Moviéndome para ver a las espaldas del Líder, vi que un helicóptero estaba alumbrando el interior del Eduardo Blanco. Concretamente, a nosotros.

-¡Salgan de ahí! ¡Y usted, el tal Líder, salga con las manos en alto! ¡Está arrestado!

La voz era la del presidente. ¡Habían venido a buscarnos para sacarme a mí de ahí, y para encargarse del Líder por su cuenta!

-Te lo dije –me burlé del Líder-. ¡Ya voy!

Cuando me dirigí al helicóptero, el Líder me metió el pie para hacerme tropezar. Me caí.

-¡Domingo, levántate! ¡Sal de ahí!

Era Ivory... Justo al ir a levantarme, el Líder me pisoteó la espalda.

-¡Tendremos que tratar de acercarnos por otro lado! –oí. El helicóptero se alejó.

El Líder se rió, con una risa demoníaca, entre de triunfo, de placer puro, y de indolencia sádica. Y de otros adjetivos que huelen a poesía barata, sin duda.

-Antes de matarte, Ognimod –dijo con serenidad, como si eso fuera algo que hacía todos los días-, quisiera revelarte un secreto. Ya sabes cuál era mi plan, los detalles. Ya sabes cómo planeé que la naturaleza... inusual de mi arsenal inspiraría el terror de la población mundial. No sabrían cómo defenderse. ¿Pero nunca te preguntaste de dónde me vino la inspiración? Y ya que estoy, ¿nunca te preguntaste cómo construí toda aquella tecnología que funcionaba con un solo botón? ¿Nunca quisiste saber qué hizo que aquella habitación en la que estabas desapareciera de pronto? Admito que me fascinó, en aquel entonces, la idea de desaparecer primero la habitación, después la computadora, y después tú... Y, sobre todo, ¿nunca quisiste saber cuál era... mi identidad?

Me dio la vuelta con el pie, para que pudiera mirarlo. Enseguida me pisoteó el estómago para que no me escapara. Se quitó la bomba del saco y la puso con cuidado en el suelo, un poco apartada de él. De pronto... el traje se le empezó a rasgar. Por las rasgaduras asomaban lo que parecían unas púas de color púrpura.

Y finalmente, toda la ropa, incluyendo la máscara, se hizo jirones bajo el surgimiento de su forma verdadera, una forma monstruosa, muchas veces más grande que cuando estuvo vestido.

Sentí que la quijada se me caía. Lo que estaba ante mí no era humano, ni furry, ni de ninguna especie con la que yo estuviera familiarizado. Era verdaderamente horrendo; una cosa que no estaba pensada para ser vista por ojos de humanos, ni de ninguna otra especie que no fuera la suya propia. Ninguna descripción le hubiese hecho justicia a aquel ser ultraterreno, ante el cual el mismísimo H.P. Lovecraft se habría aterrado como nunca. Sencillamente, iba más allá de toda imaginación.

-Nnn.. no puede.... ¡no puede...! –traté de decir. Me faltaba el aire.

-Allá, en mi mundo –resonó la voz del ser, y resultó ser la misma que había anunciado “Sus días están contados...” en televisión esa tarde-, tuve la buena fortuna de toparme con este interesante movimiento de justicieros que operaban en la Tierra. Se llamaba Anónimo. Me fascinaba... ¡Un grupo al margen de la ley que se dedicaba a sembrar el terror en el mundo, destruir estadios y camionetas amarillas, eliminar a todo aquello que se atreviera a postrarse enfrente de ellos! Mi planeta es en verdad un pueblo pacífico... ¡Bah! La paz es un concepto tan sobrevalorado. Pero la guerra... ¡la muerte! No existe un poder mayor que el de decidir quién vive y quién no. Nunca en mi vida he experimentado mayor placer que cuando he matado, destruido. En mi mundo me buscaban por crímenes. ¡Ahora llaman crimen al aprovechamiento del tiempo libre! Tenía que encontrar un nuevo mundo. Tenía que encontrar el lugar perfecto para ejercer mi pasatiempo preferido.

-Entonces... ¡tu tecnología... no era terrestre! ¡Por eso era tan simple...! ¡La hiciste para que pasara por tecnología humana, pero no lo era!

-Así es –confirmó el Líder-. Y de igual naturaleza era la estructura de la base, su funcionamiento interno. Podía destruir una habitación, cambiarla por otra. Lo que quisiera. La “Internet” de los humanos fue mi musa. En nombre de Anónimo, nobles defensores del derecho a matar inocentes, construí mi arsenal basado en sus códigos secretos internos. Y una vez que hubiera destruido la Tierra, habría viajado a otros mundos, donde haría lo mismo una, y otra, y otra vez, ¡hasta que no quedara una sola cosa que matar en todo el universo!

-¡Entendiste mal, Líder! –Ya podía respirar un poco mejor, pues el Líder, confiado en que no podría escapar de mi muerte, me había soltado-. Anónimo no mata gente. Justamente; la única maldad que no cometen es el asesinato. ¡Nunca te molestaste en preguntarles a ellos directamente! ¿Verdad? Preferiste irte de confiado, a registrar los periódicos y los noticieros de la Tierra, ¡la fuente más confiable para obtener mentiras infundadas!

El Líder lanzó un alarido que resonó con la fuerza de una explosión atómica.

-¿No lo comprendes? –insistí-. ¡Fallaste porque tu plan estuvo errado todo el tiempo! ¡Porque tú estuviste errado todo el tiempo! ¡Te inspiraste en la filosofía equivocada!

-Lo admito –dijo el Líder al fin. Parecía verdaderamente avergonzado-. Cometí ese error. Lo debo pagar con la muerte... ¡Y SI PUEDO LLEVARTE CONMIGO, MUCHO MEJOR!

En ese momento, el helicóptero del presidente volvió. Estaba detrás de mí. Pero estaba lejos... ¡No sabía si podría alcanzarlo!

El Líder agarró la bomba. En ese momento, salí corriendo hasta el helicóptero.

-¡QUE SATÁN SE APIADE DE TI EN EL INFIERNO, FURRY, Y TE DEJE YIFFEAR A ALGO QUE TE GUSTE! –fue lo último que le oí decir.

El Líder se metió la bomba en la boca, cuyas mandíbulas se estiraban como de goma, y se la tragó. Era la única cosa que podía matarlo.

Y en el último momento, di un salto y me agarré a los patines de aterrizaje del helicóptero.

-¡Gracias a Dios estás a salvo! ¡Necesitas atención médica! –decía el presidente.

-¡VÁMONOS! ¡VÁMONOS DE AQUÍ! ¡AHORA! ¡RÁPIDO! ¡AHORA!

El helicóptero salió a toda velocidad --justo a tiempo antes de que el Eduardo Blanco saliera volando en pedazos por todas partes. La explosión fue tan potente que los escombros salieron volando a kilómetros de distancia y pasaron semanas antes de que varios de ellos pudieran ser apagados. Las barreras de zinc fueron perforadas como si les hubieran disparado con una ametralladora gigante, y el fulgor de la explosión se vio en prácticamente todo el país, como un relámpago dorado. El Eduardo Blanco, y el Líder, habían sido completa y absolutamente reducidos a polvo. No había ninguna duda.
----------------------------------------------------------------------
Pasé unas dos semanas en el hospital antes de que me dieran de alta. Afortunadamente, mis padres y mis abuelos habían sobrevivido y se encontraban bien. Fueron a visitarme, junto con algunos de mis otros parientes. Recuerdo que el médico dijo que nunca había tratado a un animal, preguntando en broma que si no hubiese sido mejor llamar a un veterinario. Ivory imploró que la dejaran quedarse en mi habitación, pasar las noches conmigo. Durmió en una segunda cama que pusieron al lado de la mía, y podía yo pasar horas mirándola dormir, completamente inocente. Completamente a salvo.

Finalmente, dos semanas después, nuestra casa fue reconstruida, y pudimos volver...

Al fin, todo había terminado... excepto por un solo detalle. Aún faltaba el epílogo.
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Domingo
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Centinela



Registrado: Nov 03, 2008
Mensajes: 202

MensajePublicado: Vie Sep 16, 2011 2:59 am Asunto Responder citando

Epílogo

Ivory había hecho las maletas y se encontraba en la entrada de nuestro edificio. Le di un beso de despedida.

-Ogni –preguntó-, antes de irme. Me dijiste en el hospital que ya sabías por qué encontraste fuerzas para lograr todo lo que lograste. ¿Cómo?

-Por ti. Porque te amo. Salvar la vida no era suficiente motivo, pero pronto comprendí que también tenía que salvarte a ti. Si hubiese muerto, tú también habrías muerto. Esa era la fuerza que me impulsaba, Ivory. El amor.

Ella sollozó de felicidad.

-Y, si no te molesta que cite una famosa película, el amor es incluso más fuerte que la fuerza de gravedad. Yo diría que en este mundo... no hay otra fuerza que lo iguale.

-¿Hiciste todas esas cosas por mí?

-Sí... Y fue un bien incentivo. Y ya es momento de hacer una última cosa por ti, y dejarte ir.

Los dos nos abrazamos por última vez. Nos quedamos mirando a los ojos durante varios minutos.

-Bueno... adiós –dijo ella finalmente. Y se alejó.

La miré terminar de alejarse. Iba con paso decidido, con la actitud de quien se enfrenta a lo que le depare el futuro, sin importar lo que sea. Y ninguno de los dos estaba triste.

Miré nostálgico a la ventana del octavo piso de un edificio de enfrente, y me introduje al mío propio.

Y así concluye esta historia, una historia de la más rara de las visiones, el más extraño de los seres, a quien su pueblo declararía héroe, mientras que la ciudad que salvó lo haría leyenda, su país no haría nada en particular, y el mundo ni siquiera se enteraría. Pero cómo fue que mi pueblo se enteró de mi hazaña y me declaró héroe... es otra historia, muy distinta.

FIN
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guardian
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Registrado: Oct 28, 2005
Mensajes: 8448

MensajePublicado: Jue Sep 29, 2011 12:39 am Asunto Responder citando

¡Ya sólo me restan por leer los dos últimos capítulos y el epílogo! ¡La trama gana en intensidad por momentos! Very Happy

¿Soy yo el único al que le pasa o el ataque a bordo de esos helicópteros por parte de los Anónimos recuerda a los jabalíes mutantes del mítico "Duke Nukem 3D"? Laughing
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guardian
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Registrado: Oct 28, 2005
Mensajes: 8448

MensajePublicado: Vie Sep 30, 2011 5:03 am Asunto Responder citando

¡Un final de lo más "Hollywoodiense"! ¡Y encima acabas siendo recibido con honores de guerra en tu propio pueblo! Very Happy

¿Cuándo habrá segunda parte, Domingo? Porque percibo que el final queda ciertamente abierto ...
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