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Publicado: Mar Ene 14, 2025 10:24 pm Asunto: Géminis
GÉMINIS
Me levanté, aturdido y cojeando sensiblemente. Mi hermano se acercó rápidamente al verme, aunque él tampoco estaba para correr demasiado. Le iba a preguntar qué había ocurrido hasta que vi un revuelto metálico que parecía ser mi coche, con lo que deduje que habíamos tenido un accidente.
Nos encontrábamos en una profunda zanja en mitad de la nada, no muy lejos de una carretera rural, o eso esperaba. Intentamos escalar pero la tierra no era lo bastante dura para aguantar nuestro peso y tampoco podíamos utilizar el coche como escalón o subirnos uno encima del otro debido a la profundidad. Estábamos atrapados.
Gritamos a pleno pulmón pero nadie escuchó nuestras súplicas. Tras barajar posibles opciones para escapar y no encontrar ninguna viable, decidimos esperar y lanzar algún grito de socorro de vez en cuando. El resto del tiempo lo tratamos de pasar hablando o entreteniéndonos como podíamos.
Llegó la noche, pero la desesperación por salir no nos dejó pegar ojo. Continuamos gritando al día siguiente pero aún no nos escuchaba nadie. Los temas triviales de conversación se esfumaban y comenzamos a hablar de otros asuntos más profundos y personales. Él me confesó que no se sentía cómodo cuando iba a visitar a mamá porque pensaba que no era merecedor de su afecto, creía que no había hecho lo suficiente como para que se enorgulleciese de él. Yo le confesé entonces mis problemas amorosos y la sensación que tenía de que no estaba hecho para amar a nadie. Ambos nos dimos consejos y nos escuchamos con atención en todo lo que decíamos.
Otra noche pasó y vi a mi hermano nervioso, dando vueltas y mirando todo el rato hacia la superficie. Deseaba salir de allí tanto como él, pero le invité a calmarse, pues no iba a conseguir nada poniéndose así. Logró sosegarse, pero pasado un rato se le veía más nervioso que antes. De nuevo, intenté que se calmara, pero su desesperación dio paso a la rabia y me levantó la voz. Le dije que yo estaba igual y que no tenía motivos de hablarme así pero me respondió de mala manera diciendo que él al menos no estaba ahí parado esperando ayuda. Entonces, la discusión pasó a mayores...
Yo le dije que él tampoco ayudaba poniéndose así y que no podíamos hacer nada. Él me dijo que con esa actitud era normal que no tuviese pareja; entonces yo le comparé con papá, quien nunca nos prestaba atención y le daba todo igual. Él me dijo que me parecía más a mi padre porque era incapaz de amar a nadie y le espeté que al menos yo quería ver a mamá. Nos encaramos; él me empujó y yo le solté un bofetón. Tras ello, forcejeamos como depredadores y al rato decidimos soltarnos y estar cada uno en un extremo de aquel fatídico hoyo.
La ira dio paso al agotamiento y nos pudimos permitir el lujo de dormir. Creo que en ese momento llevábamos tres o cuatro días ahí metidos; enloquecidos por la desesperación y sobre todo, por la sed. Demacrados y profundamente tristes nos miramos con vergüenza, nos levantamos del suelo y nos abrazamos, pidiéndonos perdón el uno al otro. Juramos que trataríamos de ayudarnos en lo que necesitásemos y que nunca nos abandonaríamos. Entonces, comenzamos a recordar nuestra infancia y juventud, en las que tuvimos problemas pero no fueron tan malas; aquellas tardes en el parque, los veranos eternos, los piques en los videojuegos, las noches de juerga siendo ya más mayores, los polvos que conseguimos echar… Recordábamos momentos que creíamos perdidos o directamente inexistentes, y eso no nos lo podía quitar nadie.
Recordando aquellos buenos momentos, bromeando y riendo se nos pasó otra noche. Por la mañana, oímos una voz desde arriba. Alguien nos había escuchado hablar y se acercó a mirar. Le contamos lo que había pasado y fue como las balas a pedir ayuda. Eufóricos, mi hermano y yo nos abrazamos y poco después, nos apoyamos en la pared de aquel agujero infernal, rindiéndonos a la extenuación.
Me desperté, y a mi alrededor veía una habitación de hospital. Estaba solo en ella, pero sentí un gran alivio porque nos habían rescatado. Seguro que mi hermano estaba en otra habitación, descansando, y tan aliviado como yo. Aunque me costaba un poco, podía incorporarme y andar. Abrí la puerta de mi habitación y me asomé al pasillo, buscando a alguien que me pudiera decir en qué habitación estaba mi hermano. Una enfermera me vio y me dijo que iría enseguida a mi cuarto. No pasaron ni dos minutos cuando llegó la enfermera.
Le pregunté qué había pasado y me contó que un vecino de un pueblo cercano avisó a la Guardia Civil diciendo que había alguien atrapado en un hoyo enorme. Cuando llegaron, se encontraron con mi cuerpo, estable, pero con señas de agotamiento, deshidratación, hambre y alguna herida leve fruto del accidente. Fui rescatado sobre las ocho de la mañana, con lo que deduje, mirando el reloj, que llevaba unas seis horas sin estar despierto.
Le conté lo sucedido y me dijo que entonces llevaba alrededor de cinco días atrapado y que era un milagro que sobreviviese tanto sin beber. Le pregunté si mi hermano estaba bien, y me miró extrañada. Le expliqué que en el foso no estaba solo, conmigo se encontraba mi hermano gemelo, pero me dijo que el equipo de rescate solamente me encontró a mí y a lo que quedaba de mi coche, no había nadie más dentro.
¿Dónde se había metido mi hermano? ¿Logró salir por su cuenta? ¿Se lo llevó otro equipo de rescate antes que a mí? No entendía nada. Viendo mi extrañeza y preocupación, la enfermera me recomendó que reposase y se marchó de la habitación. Me dirigí al cuarto de baño y decidí mirarme al espejo. Mi estado era lamentable y me dolía la cabeza más que ninguna otra parte del cuerpo. Fue entonces cuando encontré a mi hermano y todo cobró sentido.
Recordé lo que pasamos juntos en el hoyo, nuestra vida, las anécdotas… Y me di cuenta de que a mi hermano gemelo no lo parió mi madre; lo parieron mi dolor de cabeza, mi frustración, el hambre y la sed. Si yo me encontraba bien, seguro que él también lo estaría.
No tardaron mucho en darme el alta, y lo primero que hice fue buscar a mi madre. Tengo la impresión de que mi hermano ya no estaba incómodo al verla.
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