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La Mazmorra Abandon - La mejor selección de abandonware de terror y misterio de la red :: Ver tema - Saint Row - (relato corto Paskuator)
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Saint Row - (relato corto Paskuator)
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MensajePublicado: Dom Ago 06, 2006 12:49 pm Asunto: Saint Row - (relato corto Paskuator) Responder citando

Bueno, esta es una revision del relato llamado "La casa de la colina" que postee aqui, y que estaba conformado por varios autores. En esta ocasion deje algunas partes mias anteriores modificando el resto para hacer la historia mas acorde. Vamos, que la historia es toda mia xD. No es lo mejor que he escrito, pero si lo mas "comercial" y directo xD un poco fast-food. Lo voy a dividir en varios post para no aburrir al personal Razz.

CAPITULO 1

-¿Papá, estas ahí?... ¿Papá?

Sudores y espasmos recorren todo mi cuerpo. Un fogonazo luminoso invade la estancia y me hace retroceder un par de pasos. Hace mucho frió, y estoy tiritando. Sostengo entre mis manos el viejo teléfono del salón.

-¿Jake? ¿Dónde estás? –consigo decir, segundos antes de sufrir de nuevo un exiguo aunque intenso mareo.

Mi hijo, al otro lado del teléfono, desde Dios sabe que lugar, no responde.

Silencio.

Algo le ocurre… ¡Dios, por qué no me responde! Siento nauseas, pero apenas puedo bajar la cabeza en ese mar de irrealidades que me rodea.

Si tuviese que devolver, me ahogaría en mi propio vomito, o perdería el conocimiento en el intento.

Las paredes parecen plegarse por momentos, y el suelo abrirse, como si mi hijo se hallase en pleno infierno, y éste me abriese gustoso sus puertas.

-¡Jake! –Grito desesperado al auricular- ¡Pase lo que pase no te preocupes! ¡Iré a buscarte!

Pero no estoy para ir a ninguna parte. Al borde del colapso, sin apenas poder mantenerme en pie, suelto el inútil aparato y me desplomo en el suelo, temblando y sufriendo los espasmos propios de quien sabe que le ha llegado la hora de dar un largo paseo espiritual.

Intento abrir los ojos, pero me resulta imposible. Solo hay oscuridad.

Lejos, muy a lo lejos, una voz infantil grita al vacío en una suplica agónica.

Silencio.


-¡Dios! –exclamé al incorporarme y recuperar poco a poco la estabilidad de mis sentidos-. ¡Menuda pesadilla, joder!

Por un momento, mi aún alterada conciencia creía que lo mejor que podía hacer, ahora que estaba despierto, era ir directo al cuarto de Jake, y comprobar que si, que efectivamente no había sido más que una intensa, aunque absurda alucinación onírica.

Tras meditarlo durante dos segundos, decidí que era absurdo. Por favor, que no tienes nueve años –me dijo vía cerebral, mi siempre sabio ángel de la guarda- ¿Qué te parece si antes te duchas y te quitas ese sudor y olor a gorrino de feria comarcal? No querrás causarle el mismo estupor a tu hijo cuando le despiertes y te huela ¿verdad?

-Tienes razón –contesté, hablando solo- De hecho me parece una estupenda idea.

Tras una siempre gratificante ducha me dirigí sin demora a la cocina a prepararme el desayuno. Aún era un poco pronto como para despertar a Jake. Cada vez que pensaba en traerle de vuelta a la cruda realidad, me acordaba de mi padre, y como siempre, fuese el día que fuese y apenas el gallo auguraba un nuevo día, levantaba las persianas de mi cuarto con furia y desgarro mientras gritaba “¡Arriba holgazán, durmiendo no se triunfa en la vida!” Yo no quería ser ese tipo de padre. Nos necesitábamos mutuamente.

Sobre todo, a raíz del fallecimiento de Susan.

Entré en la cocina, intentando no fijarme demasiado en la pila de platos sucios amontonados en el fregadero. No es que viviéramos en la inmundicia, pero desde luego esa parte de la casa no era precisamente la sala del té del Royal Palace. Desde que el destino nos arrebató a mi esposa, la casa guardó poco a poco sus trajes de gala en el desván de los tratos viejos, al igual que Jake y yo íbamos perdiendo la alegría de vivir propia de quien antes era feliz. Sin ningún aditivo mas; feliz. Aquí no había causas de machismo, sino de propia y mera desgana. Ambos vivíamos una vida digna, pero descafeinada. Con este contexto… ¿A quien le importa la pulcritud y el sacar brillo a la misma vajilla de siempre? Íbamos tirando… que es lo que importaba de verdad.

Una vez terminé mis dos tostadas de mantequilla y el rancio café solo, me dirigí, ya si, a despertar al eterno dormilón. Mis pasos eran firmes y lentos, como siempre habían sido. ¿Y por qué no debían ser así? Sonreí recordando la ahora borrosa pesadilla, y entré en la habitación.

La sonrisa se esfumó de mis labios tan rápido como había aparecido; allí no había nadie. La cama de Jake estaba hecha de una forma tan impecable, que pareciera que había sufrido una intervención directa de la mejor azafata de hotel. No daba signo alguno de haber albergado a una persona con anterioridad.

¿Qué clase de broma es ésta? Pensé. No tiene ningún sentido.

Analicemos la situación.

No podía estar en cualquier otro lugar de la casa. Primero porque lo habría oído. Y segundo porque en este cuchitril ni siquiera las cucarachas escapaban a la vista. Así que, como para que no reparase en mi propio hijo.

-¡Jake! –grité, dando así veracidad a mi pesimista razonamiento. Como por desgracia esperaba, no recibí respuesta alguna.

Tampoco se podía haber escapado. O bueno, ido por propio pie y deseo. Mi hijo era un chaval muy aplicado. A sus siete años había tenido que convivir la mitad de su vida con la oscura verdad que era el no tener madre. O peor aún, tenerla lo justo para después recordarla… y añorarla de por vida. No tenía malas amistades… entre otras razones porque en verdad apenas tenía amistades. Era muy tímido y reservado, y pese a esto, extremadamente inteligente para su edad; sin su elogiable ayuda, esta casa no parecería una pensión de mala muerte, sino el puñetero infierno. “A este paso, te va a comer la roña”, que diría ese gran baluarte de la sensibilidad, que era mi padre.

¿Y si la pesadilla no fue tal? ¿Y si en verdad había sido una premonición, o peor aún, ocurrió en verdad, en medio de un pintoresco episodio de sonambulismo?

-Dios mió… no puede ser. ¿Cómo me va a pasar esto a mí? ¿Como coño le va a pasar esto a alguien normal? –dije casi gritando a la soledad del hogar.

De manera instintiva, y sin apenas tiempo para pensar, me vestí con toda la velocidad a la que respondían los ahora, hiperquineticos músculos de mi cuerpo, pensando en el único lugar al que podría recurrir: La panadería de Billy Graham.

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MensajePublicado: Dom Ago 06, 2006 12:51 pm Asunto Responder citando

CAPITULO 2

Hacia ventisca, y las temperaturas habían descendido de una forma abrupta e insalvable los últimos días. Al parecer, éste iba a ser un invierno duro en Houdhill. Mi vieja cazadora de cuero apenas me calentaba lo suficiente como para no tener que castañear de puro frío.

-¡Hola Mark! –Dijo Bill sorprendido, tras entrar en su tienda- ¿Qué te trae tan temprano a este lugar?
-¿Has visto a Jake, Bill?
-¿A Jake? ¿Hoy? No. Si acabo de llegar.

Guardé silencio durante unos segundos, controlando mis nervios como buenamente podía. Bill Graham, un afable hombre de unos cuarenta años de edad, además de ser un excelente panadero, se podía considerar como uno de los pocos amigos que tenía mi hijo… si no el único. Todos los días al ir a la escuela, Jake se levantaba antes de tiempo para visitarle y reír con él anécdotas estúpidas. Para mi hijo, era su forma de decirse a si mismo: “¡Buenos días!, hace un tiempo precioso hoy ¿verdad?”

-¿Pasa algo Mark? –Dijo Bill, que empezaba a contagiarse de mi nerviosismo- No se habrá escapado o algo ¿Verdad? Jake no es de esos niños. Es el chaval más inteligente que he visto en mi vida; muy sensato para su edad.
-Si, si, lo sé –dije mientras me rascaba la cabeza sin parar, en una especie de tic nervioso- Pero en casa no está… Dios… ¿Te ha comentado algo raro estos últimos días? Algo sospechoso no se…
-No Mark, en serio –se estaba empezando a preocupar de verdad.
-Y no le has notado ningún cambio de humor y de actitud…
-No, el mismo chiquillo introvertido y perspicaz de siempre.
-Joder, no lo entiendo –dije mordiéndome el labio inferior, poniendo todo mi esfuerzo en no llorar y derrumbarme.
-Si… sé algo te aviso ¿Vale? Tengo tu número de móvil –dijo Bill compungido.
-Si, ya…-dije sin apenas prestarle atención- Y encima no puedo recurrir a la comisaría, porque a estas horas está cerrada.
-En este pueblo fantasma…en el que apenas hay habitantes y teniendo a Barker al cargo… No me fiaría mucho de la ayuda policial, no.

Barker era el gordo borracho que se ocupaba de la ley y el orden en el pequeño pueblo. Casi nunca tenía trabajo que hacer, y el tiempo de ocio se lo pasaba empinando el codo en “Las anchoas mojadas”, el bar local. De su esposa no se sabía nada en absoluto; hacía tiempo que no se la veía. Sobre el matrimonio corrían diversos rumores que no dejaban en muy buena posición al orondo policía. Pero al fin y al cabo solo eran eso: rumores.

Podría haberme quedado más tiempo con Bill, intentando sacar algo en claro del asunto, pero sentía una inexplicable urgencia que apremiaba todos mis actos. Algo terrible iba a pasar… ¿Imaginaciones mías, o cruel intuición? Esperaba que no llegase el momento de comprobar mi suerte.

-Me voy, avísame si sabes algo, por favor.
-Tranquilo Mark ¿A dónde irás ahora?
-No lo se…-contesté- No tengo ni la más remota idea.

Salí de su tienda como alma que lleva el diablo, para segundos más tarde pararme en seco en mitad de la plaza.

-¿Y ahora qué? –me dije. Era un sábado por la mañana y exceptuando al bueno de Bill todos los negocios estarían cerrados… ¡Joder, ni siquiera tenia el teléfono de ningún compañero de clase!
-¡Eh Marky Town! –exclamó una decrepita voz a mis espaldas- ¡Yo se donde está tu hijo!

Me di la vuelta, y allí estaba Linda Norris, la vieja –loca- del pueblo. A sus más de ochenta años se encontraba en unas condiciones físicas encomiables para una mujer de su edad. Lástima que no se pudiese decir lo mismo de sus facultades mentales…

-¡Si, si, yo lo se! –y a continuación se rió tapándose la boca como una colegiala de quince años, que habla con sus amigas del chico que le gusta.
-¿Jake? –dije incrédulo. Cada vez era todo más extraño.- ¿Y donde se supone que está?
-En Saint Row –contestó con sequedad. Su rostro había perdido cualquier atisbo de alegría y por momentos parecía cuerda de verdad.
-¿La mansión abandonada?
-Ea Marky Town, ahí mismo.

Saint Row, era una imponente casa construida a principios de siglo. También denominada “La casa de la colina” debido a su ubicación, la victoriana morada llevaba abandonada décadas, sin que nadie se atreviese a acercarse al lugar. Ni siquiera los animales. Uno de los rumores más extendidos entre los vecinos de Houdhill era que estaba maldita. Contra estas ideas, siempre se alzaban unas cuantas voces que proclamaban la razón empírica por encima de las fantasías de cuatro paletos.

Sea como fuera, nadie se acercaba a ella. Y allí seguía, solitaria, perdurando estoica el paso de los años. Generación tras generación.

-¿Y que tendría que hacer mi hijo allí? –Reflexioné unos instantes, y formulé una pregunta mas acorde- ¿Y como sabe usted eso?
-Las petunias son rojas cuando canta el ruiseñor –respondió la desequilibrada mujer. Empezaba a recitar poemas de su infancia. La había perdido. –En la alegre villa toscana moran las ilusiones, y el deseo…

No es que me fiase de Linda Norris, pero era la única pista que tenía sobre mi hijo, por llamarlo de alguna forma. Me di vuelta dejando a la abstraída mujer con sus descafeinadas poesías, mientras dirigía raudo, mis pasos hacia la mansión.

-¡Eh, Marky, querido! –Me llamó la mujer, cuando ya casi me había alejado veinte metros- ¡Busca en tu corazón! ¡Él tiene la solución a tus problemas!

Genial, mas poesías. Adiós poetisa frustrada.

-¡Y recuerda subirte la bragueta! –Prosiguió, reteniéndome allí contra mi voluntad- ¡Ay!, ¡ese afán de exhibicionismo tuyo te va a meter un día en un lío! ¡No se puede vivir con tanta lujuria en el cuerpo! –y estalló en un mar de carcajadas.
-Gracias por tus consejos –farfullé mientras me largaba de una vez por todas-. Ya te regalaré un jamón por navidad, Linda.

Por supuesto, no me molesté en comprobar si de manera accidental había dejado abierta la jaula del canario. Linda tenía una morbosa obsesión –quizá deseos reprimidos- por hacerme pasar por un exhibicionista de tres al cuarto, y ya me había acostumbrado a tales lindezas. No había día en que no me lo dijese. Hoy, asustado, temblando de frió, y con un hijo desaparecido, no podía ser menos.

El ascenso hasta la colina donde se ubicaba la temida mansión no fue accidentado o complicado, sino todo lo contrario. Pese al intenso frío, y a los salvajes hierbajos que habían emergido por los alrededores, cómplices de la completa falta de atención del lugar, llegué sin ningún contratiempo a la entrada de Saint Row.

Estupendo, ahora solo queda entrar… ¿Pero cómo?

Probé la opción más simple del mundo: Llamar a la puerta. Si había alguien dentro me oiría. No me atrevía a gritar para llamar a mi hijo… el lugar me cohibía de una forma absurda que no podía explicar.

No hizo falta ninguna llamada de intruso. Cuando apoye la mano sobre el picaporte de la entrada vi como éste giraba sin ninguna dificultad. La puerta se abrió de golpe en un agudo chirrido que me produjo un escalofrío. Al parecer no tenía la llave echada. Sin ser lógico, no era algo descabellado… al fin y al cabo, ¿quién querría acercarse a este lugar?

La mansión te abre sus puertas… Quiere que entres, tío.

-¡Por favor! –Me dije, intentando alejar ese pensamiento de mi mente- No empecemos con más gilipolleces. Con la señora Norris ya tengo bastante.

Y sin embargo…

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MensajePublicado: Dom Ago 06, 2006 12:53 pm Asunto Responder citando

CAPITULO 3

-¡Hola! ¿Hay alguien en casa?

Silencio.

Me adentré en el amplio salón, mirando a todos lados como un poseso paranoico. La casa parecía estar inmersa en una omnipresente penumbra. Los exiguos rayos de luz que se filtraban por unas ventanas tapiadas, creaban un grotesco juego de luces y sombras de los que emergían mis más temidas pesadillas.

-No seas tonto –me dije en un tono no muy convincente- No es más que una casa vieja que necesita quitarse un poco el polvo de encima.

Continué abstraído en ese nuevo e inquietante mundo sin saber, una vez más, que hacer a continuación. Poco a poco mi vista se fue aclimatando a esa negrura que todo lo cubría, y divisé un candelabro listo para su uso sobre una gran mesa redonda. Al parecer, la que antaño había sido la mesa del almuerzo. Sobre ella aún perduraban desgastados platos recubiertos de una viscosa sustancia, y tenedores oxidados que ahora, lo único que podían trinchar eran las moscas que frecuentaban la zona, con sus ebrios vuelos cerrados.

Me apoderé del candelabro, mirando lo menos posible, aquello, que se suponía, eran los restos de alguna vieja comida. Como era de esperar la casa no disponía de luz eléctrica y no deseaba quedarme a oscuras en aquella prisión de pútridos cimientos. Mas vale prevenir que curar. Por suerte había traído mi mechero, pese a llevar un par de semanas de gloriosa lucha contra el tabaco.

Un lejano ruido se irguió en el agobiante silencio. Parecían pisadas… quizás algo arrastrándose… y provenían del sótano, del piso inferior. Ahogue un inarticulado grito de súbita sorpresa, sin saber en verdad, si alegrarme o no por tal descubrimiento. Era el único sonido que había oído desde que entré en Saint Row.

El ruido volvió a repetirse, esta vez con mayor intensidad, como para convencerme de que en verdad existía y no eran imaginaciones mías.
Experimenté un leve escalofrío. ¿Qué era eso? ¿Podía ser acaso Jake, que apaleado y moribundo, intentaba escapar de su cruel destino? ¿Y si solo eran ratas? ¿Y si…?

Avancé en pos del único atisbo de vida que parecía portar la casa, intentando a su vez quitármelo de la cabeza. A su lado, la chirriante risa de la desdentada señora Norris parecía una tocata de Bach ejecutada por el más virtuoso intérprete.

Abrí la puerta que al parecer, me llevaría al sótano de aquella ciclópea edificación, guiándome por mi odio, e impulsado por las ansias de encontrar al fin a mi hijo.

Una profunda oscuridad a mi alrededor.

La ambigua construcción del edificio impedía que cualquier atisbo de luz
natural, por nimia que fuese, entrase en el estrecho pasillo que tenía ante mí. Supuse que en el pasado, unas lámparas de aceite colgadas estratégicamente en las paredes habrían iluminado la estancia. Ahora, sinuosos contrastes de luz que parecían moverse como danzantes sombras inquietas desviaban una y otra vez mi incisiva y temerosa mirada. No había ventana alguna cerca. La claustrofobia que empezaba a causarme el lugar aceleró con hipnótico e inflexible mandato, los insidiosos latidos de mi corazón.

Las abominables pisadas volvieron a resurgir con mayor estridencia, retándome a hacerles frente, a conocer su mimado secreto.

-No voy a echarme atrás –murmuré al vacío que me rodeaba. Estaba temblando.

Las pisadas no volvieron a hacer acto de presencia. Parecían satisfechas con mi respuesta.

Cruce esa puerta del infierno camuflada entre carcomidas maderas, incitado por el deseo de encontrar a Jake. Apenas podía ver un palmo más allá de mis propias narices, así que avanzando con lentitud, y con la poca luz que me deparaba un oxidado candelabro, fui adentrándome más y más en lo desconocido. La lógica y el sentido común, me hacían ver que la escasa luz que portaba, era vital para mi propia supervivencia. Si me quedase a oscuras y perdido entre las tinieblas de esta malograda edificación…

Como respondiendo a tal pensamiento, creí oír una despectiva risa más allá del espacio y el tiempo. Imaginaciones mías… nada más…
Pasaron los segundos, y mientras avanzaba con toda la fuerza de voluntad que podía, crecía un mal disimulado horror en lo mas profundo de mi ser. ¿Cuánto había recorrido, acaso este pasillo no tenia fin? Recordé haber bajado ciertos escalones, haber subido otros pocos, e incluso me pareció que daba vueltas como un pato mareado sobre un mismo epicentro.

Recuerdos que el tiempo transformaba en creciente desesperación. ¿Acaso alguien estaba jugando conmigo? La descabellada idea de que la casa tuviese vida propia, se iba tornando cada vez más cristalina y tangible.

Cuando ya la locura me acechaba, y la desesperación se apoderaba implacable de mi excitada alma, conseguí vislumbrar el final. Como un niño al que le dan su regalo mas deseado, corrí anhelante en dirección a la posible salida que había encontrado, mas cual fue mi desdicha al percibir un pútrido olor que se iba intensificando conforme avanzaba.

-¡Dios! –Exclamé mientras me tapaba la nariz intentando sofocar aquel olor.

Allí estaba la puerta del final del pasillo… no había más salidas. De ahí provenían los pasos que había estado oyendo apenas entré en la casa… y también el olor a podrido. Sea lo que fuera que estaba vivo o al menos, no muerto del todo detrás de la puerta, no debía conservarse en muy buenas condiciones. ¿Qué podía ser eso? ¿Gangrena, acaso lepra? No, ni pensarlo. Joder, vivía en un pueblo que nunca había padecido dichas enfermedades. Vale, era una mierda de pueblo, pero un pueblo sano, al fin y al cabo.
Al final me decidí por abrir la puerta. Un fétido olor, el más nauseabundo que había experimentado en vida, se liberó de aquella oscura cámara de gas.

Medio mareado, creyéndome envenenado y al borde de la muerte, divisé entre la penumbra de la sala un corpulento ser que se volvía, esbozando una grotesca sonrisa que no tenía nada de amistosa. Sus ojos, los cuales se dilataban y contraían en una siniestra danza apocalíptica, eran dos puertas de fuego invitándome al infierno.

-Ya era hora guapo –dijo el ser- Te estábamos esperando.
Detrás suya quedaban los restos mutilados de algo que se mirase por donde se mirase, parecía haber sido en otra vida, un saludable niño de menos de diez años.

-¿…Jake? –susurré mientras mi cabeza daba vueltas y mi vista se codificaba en una burda señal desenfocada.

Oscuridad y risas...

Silencio.

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Ultima edición por Paskuator el Dom Ago 06, 2006 4:02 pm, editado 3 veces
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MensajePublicado: Dom Ago 06, 2006 12:55 pm Asunto Responder citando

CAPITULO 4

Prisionero. Cautivo de la realidad, e inmerso en un grotesco circo de malsanos secretos.

Desperté en una oscura habitación. No estaba solo, y de haberlo estado no habría importado lo mas mínimo. Amordazado y encadenado a una rústica silla de madera, lo único que podía hacer era esperar... a lo que fuese.

Poco a poco mis ojos se fueron amoldando a la penumbra que me rodeaba. Pude distinguir muebles viejos decorando la estancia de un modo siniestro, evocando un romanticismo más propio de una clásica película de terror en blanco y negro, que del siniestro antro en el que al parecer se hallaba mi hijo.

Arcaicos periódicos desperdigados por el suelo eran pasto de las
voraces ratas que invadían el estancia. No pude contar cuantas eran; mi capacidad visual era limitada. Baste saber que el ronroneo propio de esos seres, y la escalofriante sensación de roce que experimentaba mientras se posaban sobre mis zapatos no me haría olvidarme de ellas con facilidad.

Un intenso dolor me atenazaba el pecho izquierdo. Al parecer se trataba de un objeto pequeño, y de angulosos contornos. Las cadenas metálicas que me tenían prisionero lo impulsaban férreas sobre mi pecho, clavándomelo sin concesión, de la misma forma, que un ganadero marca su ganado.

Bajo esa continua presión apenas podía respirar con normalidad.

-Al fin despertaste -dijo una voz gutural a mis espaldas, sobresaltándome sobremanera.

Aquel olor... De nuevo ese insufrible hedor.

Sorprendido, y ahogando como pude un grito de sorpresa, intenté recordar algo que a priori se me antojaba de extrema importancia. Esa voz era conocida, ya la había oído antes... muchas veces, incluso.

-Eres un entrometido. Deberías considerarte afortunado ahora que aún te
conservas integro... -el ser pareció titubear por unos segundos- ¡Dios, no puedo resistirlo!

Acto seguido giró mi silla en su dirección y tuve el tiempo justo de reconocer a mi captor, décimas antes que su puño impactase violentamente sobre mi rostro.

Comencé a sangrar violentamente por la nariz, mientras mi mente bullía en discordantes imágenes. Probablemente tendría el tabique nasal roto.
Anonadado observé a Barker, el policía corrupto del pueblo. El hombre que
ahora me tenía preso en Dios sabe que inhóspito lugar de la mansión y que apenas podía refrenar sus sádicos instintos.

Con la única diferencia de que el ser que tenia delante no era exactamente
Barker.

Media veinte centímetros más que el conocido guardián de la ley, y parecía mas fuerte y musculoso... mucho más. Su ojo izquierdo, inyectado en sangre, parecía querer luchar por una utópica libertad. Su boca desprendía a partes iguales sangre y saliva en una repulsiva combinación. Todo esto se asemejaba a un hombre con ropa de dos tallas menos; resaltando su musculatura, y a punto de romperse en múltiples sitios debido a la continua presión. Parecía estallar por dentro, como si el ser que ahora llevase dentro necesitase más espacio que el que el rollizo policía le proporcionaba.

-Ella me ha prohibido estropear la mercancía -comentó Barker ausente, mientras observaba una rata muerta que era devorada por sus congéneres- Pero no creo que esta minucia le moleste.

Apenas iba a tocarme la destrozada nariz –quizás para rematarme-, escuchamos un ruido del exterior. Pesados pasos se sucedieron, junto a una especie de siseo, similar al de un gran numero de serpientes concentradas en escasos metros.

-Ahí esta -dijo, con una mezcla de respeto, excitación y temor-. A partir de ahora estas en sus manos. Te sugiero que no hagas ninguna tontería.

Barker dio media vuelta y salió de la habitación por una puerta trasera. Así, solo en la inmensidad de la nada esperé lo peor. La rueda del destino giraba lentamente sobre mí, al igual que el picaporte de una puerta que se iba abriendo con tormentosa lentitud, dejando entrever una antinatural silueta difusa, bajo los contornos de las siempre caprichosas sombras.
Cuando finalmente la puerta se abrió, no vi al infernal ser que había imaginado.

Vi a mi hijo Jake.

Era difícil describir lo que estaba sintiendo. Estaba, pero a su vez no había nadie allí. Jake, me observaba con mirada perdida y temerosa, mientras su cuerpo temblaba y desaparecía por momentos. ¿Un holograma, una ilusión? Quien sabe. Parecía en verdad una visión causada por las más variopintas drogas. Pues en verdad mi hijo no estaba ahí, sino en algún lugar de la casa, perdido y desamparado. Frente a mi tenia su imagen, la conciencia de verle, así como el saber que el también podía verme a mi.

Y lo mas importante; estaba vivo.

-¿Papa? ¡Papa! –Gritó Jake después de que la estupefacción de sus ojos se transformase en reconocimiento y esperanza- ¡Ayúdame! –gimió la espectral figura.
-¡Tranquilo Jake, te encontraré y saldremos de aquí! –Tome aire unos segundos- ¡Te lo prometo!

Esperaba que mi respuesta alentase en parte a mi hijo. Era consciente de mi complicada situación, pero nunca se sabía que podía ocurrir. Debía transmitirle toda la fortaleza que por aquel entonces aún conservase.

Contra lo esperado, mi hijo no me respondió. Siguió mirándome con esa macabra combinación que proporciona el terror y la alegría en ojos de un niño. A continuación comenzó a llorar.

-No puede oírte… y ahora ya no puede tampoco verte.

Una voz a mis espaldas… una… pantomima de voz, un fraude. Su andrógino timbre, y unas cadencias serpenteantes despertaron en mí los más angustiosos temores de antaño. El ser, mezcla de humano y serpiente, que creía haber vislumbrado al abrirse la puerta, y al que incluso la bestia que un día fue Barker tenía reverencial miedo, estaba allí mismo. Justo detrás mió. Por suerte, no podía verle.

-Jake ya es un caso perdido… harías bien en pensar de manera mas positiva –enfatizó aquel engendro- Él ya es historia, pero tu… tu puedes hacer historia.

No entendí a que se refería, y no tenía ninguna gana en averiguarlo. Deseaba salir de allí, deseaba salvar a mi hijo. Estaba profundamente asustado, pero también furioso. Por suerte desde mi posición actual, y amarrado como estaba a la silla, no podía observar a mi confidente, lo cual en cierto modo me proporcionaba una cierta lucidez de ideas más que reconfortantes.

-¿Qué vais a hacer con él? –Gruñí furioso- ¿Qué es todo esto?
-Todo a su debido tiempo… todo a su tiempo.

Acto seguido note unas rugosas y frías manos que se posaban sobre mi frente, tapándome momentáneamente la visión. ¿Dije manos? Bueno… digamos más bien unos guantes pegajosos y flácidos, por denominar aquella cosa, de una forma bastante eufemística.

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MensajePublicado: Dom Ago 06, 2006 12:57 pm Asunto Responder citando

Los segundos se transformaron en minutos. El tiempo, se transformó en el vacío. ¡Aquella aberración estaba durmiéndome! De una forma u otra me estaba hipnotizando.

-Todo el mundo debe hacer sacrificios –explicó la andrógina voz con un paciente tono propio de un profesor que explica una verdad universal a su ignorante alumno-. Jake es tu sacrificio… ¿pero sacrificio a favor de qué? –Se preguntó el ser- A favor del poder absoluto. La inmortalidad. El dominio.

Poco a poco iba cayendo en un profundo letargo. Sentía como mis fuerzas me abandonaban y mi ira remitía. Paradójicamente me sentía bien… relajado.

-Puede proporcionarte todo lo que necesites –continuó- Todos tus deseos serán complacidos, y vivirás como nadie jamás ha aspirado jamás. Puedo…
-¿Puedes devolverme a mi esposa? ¿Puedes? –grité liberándome por momentos del influjo que me tenía prisionero. El recuerdo de la dulce Susan persistía año tras año, sumergido en la dolorosa añoranza.

El ser calló durante unos instantes. No, no podía devolverme a mi esposa. Por unos instantes imaginé su cara de frustración, su rabia. Exiguos segundos que finiquitaron al posar de nuevo sus manos sobre mí de nuevo.

Esta vez las imágenes fueron mucho mas vividas. Un haz de luz intensa parpadeo dentro de mí, impidiéndome cualquier atisbo de razonamiento lógico.

-Tu esposa fue una más –explicó el ser modulando cada una de sus palabras-. Tu podrás tener a todas… podrás poseer a todas. Y entonces… ¿Qué importará una marchita rosa dentro de un kilométrico rosal de múltiples formas y colores?

Como para complementar sus palabras, me vi sumergido en un sueño suprarealista, e imposible en su esencia. Me encontraba en una especie de ostentosa mansión, en el centro de una gigantesca sala débilmente iluminada por decenas de velas periféricas. Frente a mi estaba Vanessa, mi primer amor frustrado de la adolescencia. No tenía los quince años de cuando la conocí, sino unos cuantos mas. Sus pechos se habían desarrollado de manera magistral, y su figura, ya de por si atractiva dentro del cuerpo de una adolescente, ahora destilaba una sensualidad y deseo propio de quien sabe que está en la flor de la vida.

Nos miramos durante unos instantes, mientras el reconocimiento nos invadía, y la lujuria nos sepultaba. Y entonces ese fue el comienzo del fin.
Fornicamos –pues a ese acto no se le podía llamar de otro modo- como bestias de una forma tan inhumana y grotesca que escapaba de cualquier juicio racional. Conforme el deshumanizado acto se consumaba iba sintiendo como decenas de miradas se posaban sobre nuestros cuerpos desnudos, quizá cientos… puede incluso que miles. No me importaba; yo era su Dios, y con solo el movimiento de un dedo podría intercambiar a Vanessa por cualquier otra mujer del lugar, así como si quisiera, también podría hacer que se matasen entre ellos, si esa era mi voluntad.

-Dices verdad –dijo una voz en mi mente- Cuando formes parte de la elite podrás llevar tu verdad al mundo ¡La única verdad!

La idea era tentadora… ¿Qué había de malo en ello? La gente necesita lideres… yo sería un buen líder… aclamado y venerado; inmortal. Solo debía… debía hacer algo… no recordaba el qué. Algo a priori importante… ¿Pero que podía ser mas importante que el poder absoluto?

-Fijate en Barker –continuó la voz mientras yo seguía copulando, ahora a un ritmo más lento, con Vanessa-. Se unió a nosotros y ahora es más que humano. ¡Superior a un humano! Pero el destino de Barker no es el tuyo, Mark. Barker se pudrirá el resto de sus días en esta mansión, tu no. No era más que un gordo borracho y fracasado que liberaba la tensión acumulada con su pusilánime esposa. ¿Qué le propuse? –Dijo en tono divertido-, un pequeño intercambio sin importancia. La vida de esposa y su lealtad por poder y dominio. A fin de cuentas, tarde o temprano él la mataría en una de sus constantes rachas agresivas, y lo sabía. Era un trato justo, y desde ese momento se convirtió en el segundo de a bordo de Houdhill. Bendito el día en que le enviaron a investigar la casa ¡Estaba al borde del pánico! –Rió furiosamente la voz- Mucho más asustado que tú.

Escuchaba embelesado la demostración de poder del ser. Sentía su energía, y como esta iba fluyendo a través de mí. Mis recuerdos iban poco a poco borrándose…

-Pero como ya he dicho el destino de Barker no es el tuyo –repitió el ser- A fin de cuentas él no iba a llegar muy lejos en la vida. De no ser por mí, una cirrosis le hubiese matado en apenas diez años, créeme. No es tu caso. Tú eres aun joven y fuerte; sano. No tienes que vivir aquí por siempre cariño –dijo Vanessa en pleno acto mientras me tocaba con dulzura y se relamía con sensuales movimientos de su lengua-. Podrás irte a otro pueblo. Fundar tu propia mansión… ¡Expandir nuestra verdad! Este pueblo es mío –dijo inflexible, pero aún sonriendo- Pero existen miles de pueblos a los que ir… al igual que miles de mundos. Toma cualquiera de ellos, al igual que ahora me tomas a mí.

Lo hice, y pese a la furia excitada del momento, no me sentía cansado. Parecía estar dotado de un poder ilimitado, infinito. ¿Es esto lo que se siente al tener el poder absoluto? Pensé maravillado.

-Rechaza a tu hijo, recházale y únete a mí –ordenó la voz- Despréndete de ese estúpido vínculo y acepta infinidad de ellos. Sabes lo que quieres, y yo te lo puedo dar.
-No…no…

La presencia de mi hijo aún seguía en mi memoria, no así la de mi esposa. ¿Cómo se llamaba, Sarah, Sandy? Que importaba. La tentación era demasiado fuerte como para negarla. A fin de cuentas, ¿Qué es una marchita rosa en un rosal?

-¡Toma lo que te ofrezco! –dijo Vanessa aumentando el ritmo del acto, mientras me clavaba sus uñas en mi espalda y gemía salvajemente- ¡Sacia tu poder gran hombre! ¡Sácialo por toda la eternidad!

Se acabó, era demasiado para mi. Can-tak-lah , uno de muchos.

-Si, acep…

No pude terminar la frase. Un ruido seco y atronador invadió la sala de la mansión. Los mirones fueron desapareciendo uno a uno. Vanessa, la que hasta entonces era tan real como la reacción fisiológica que había despertado en mí, fue poco a poco diluyendose entre la nada y la ilusión. Desapareciendo entre tinieblas.

Perdí levemente el conocimiento, mientras la negrura me invadía, y los recuerdos me perseguían con denotada eficacia. Tal como habían hecho el resto de mi vida. Cuando desperté no me encontraba en el castillo, sino en la angosta habitación repleta de ratas donde había encontrado a Barker y creído ver a mi hijo.

Frente a mi yacía el cuerpo muerto de un indefinible ser. Un disparo preciso de pistola había perforado el centro de su cabeza. Gusanos y una viscosa sustancia verde aún salían allí donde la bala se había alojado. Aquella horrenda reencarnación de la serpiente Kaly India, había estado a punto de convencerme… de negar a mi hijo.

Ahora era libre… ¿Pero por qué?

Barker apareció ante mis atónitos ojos. Estaba sudando y muy alterado. Tenía la humeante arma en la mano.

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Paskuator
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MensajePublicado: Dom Ago 06, 2006 12:59 pm Asunto Responder citando

-Maldita bruja ¡Eso no fue lo que me prometiste, zorra! –Gritó mientras vaciaba el resto del cargador en el inerte cuerpo de su vieja maestra.

El perforado desecho que antaño había sido el ser más poderoso con diferencia de todo Houdhill –y posiblemente de muchos más kilómetros a la redonda-, se sacudió ahora espasmódicamente en armonía con los continuos disparos.

-Viejo borracho y fracasado, ¿eh? –Dijo dolido, en tono triunfal- Eso es lo que era para ti… ¡Pues mira lo que ha conseguido este fracasado!

Traumatizado por el curso de los últimos acontecimientos, observé como Barker, en un nuevo ataque de rabia, pateaba con todas sus fuerzas lo que aún quedaba de la cabeza del ser. La hipertrofiada masa se desprendió del cuerpo con violencia, y cual esférico deportivo, cruzó la sala, describiendo un pronunciado arco con un leve efecto, para más tarde impactar brutalmente sobre una de las paredes, estallando en cientos de pedazos.

-Ahora yo mando aquí –dijo observando al ahora decapitado ser.- ¡Y no le necesito!

Barker se giró y me observó con atención bajo la inestable mirada del único ojo sano que le quedaba. El otro colgaba putrefacto de su cuenca vacía. No pareció darse cuenta de este hecho. Estaba demasiado ocupado en sus ambiciones como para considerar tales nimiedades.

-Lárgate –me dijo- No os necesito ni a ti, ni a tu hijo. Yo no. Sálvale mientras puedas… Si es que puedes

-¿Qué quieres decir? –dije con suavidad pese a mi alterado estado. Lo ultimo del mundo me que hacía falta en esos momentos era enfurecer a este grotesco humanoide.
-Tu hijo está encerrado, so imbécil –dijo con desprecio-. Si puedes hallar la manera de derribar la puerta donde está, mis más sinceras felicitaciones, aunque tengo mis dudas. Eso ya es problema tuyo.

Le escuchaba desde mi incomoda silla asintiendo a cada momento, tal como se le asiente a un borracho o a tu cónyuge, cuando éste pierde los papeles. Mi mirada suplicante pedía una liberación. Cumple tu parte del trato –decían mis acuosas pupilas-. Libérame y me largaré con viento fresco lo más rápido posible.

Durante unos momentos creí ver un atisbo de humanidad en su ojo sano, como si una lagrima luchase por aflorar. No sucedió. Con una increíble demostración de fuerza física, rompió la correa que me mantenía atado a la silla, y me liberó.

-Supongo que serás consciente de lo afortunado que eres –señaló-. Eres libre, pero nada de esto ha sucedido. Como te interpongas en mi camino no dudaré ni un segundo en aniquilaros a ti y a tu hijo, tal como hice con… eso.

No le respondí, no hacía falta alguna. Aturdido y confundido asentí efusivamente con la cabeza, en un gesto de sumisa comprensión.

-Te preguntarás donde está el mocoso encerrado –prosiguió divertido-. Más cerca de lo que crees. Cuando salgas de la habitación, cruza el pasillo. La última puerta es la correcta. Aún está vivo. ¡Lárgate ahora que puedes, antes de que me arrepienta!

Señaló efusivamente con un dedo la salida. Al hacerlo, la punta del dedo índice se le desprendió como carne putrefacta tal como si se la hubiesen rebanado de un brutal tajo. Barker seguía sonriendo, pensando en sus futuros planes y ambiciones. Si se estaba pudriendo por dentro ni lo notaba. Seguramente en esos dantescos momentos, apenas consideraba que su propio poder dependía del ser que había masacrado.

Para mi eso era lo de menos. Era libre y podía salvar a mi hijo. Además, Barker no era el único que estaba se estaba cayendo por pedazos.

De forma gradual la casa estaba empezando a desmoronarse, engullendo sus propios cimientos en una especie de malsana inmolación.

Corrí como alma que lleva el diablo en pos de mi adorado hijo. Como ya me había advertido aquel ser que antaño fue humano, una puerta maciza cerrada a cal y canto me impedía reunirme con él. Intente golpearla, derribarla. Fue en vano.

-¡Jake! ¿Estás bien? –grité lo más fuerte que puede desde el exterior- ¡Si puedes abrir la puerta hazlo, hijo! ¡Soy papá, todo va a salir bien!
Ninguna respuesta. Si allí dentro había alguien, éste era tan silencioso como una sombra.
-¡Jake, maldita sea, abre la puerta! –dije llorando, mientras la desesperación me guiaba jubilosa por el camino de la locura. Mis manos, llenas de sangre por los incesantes golpes, continuaban golpeando con furia y poco éxito la última barrera entre los dos. Todo parecía perdido… No había salvación. En unos minutos la casa se derrumbaría con mi hijo atrapado en ella…

“Busca en tu corazón. Él tiene la solución a tus problemas”

-¡Vieja loca! –Grité al borde del delirio, tras recordar sin motivo alguno sus palabras- ¿Qué me importan a mí tus desvaríos?

Y entonces, cuando todo parecía perdido, todas las piezas comenzaron a encajar, y la luz se hizo en mí.

Mi corazón me otorgó la fuerza necesaria para resistir la tentación de esa anormalidad viviente. Fue el recuerdo de mi hijo lo que salvo mi alma hasta la propicia interrupción de Barker. No solo eso, el propio corazón del antiguo policía, humillado y destrozado en sus deseos y esperanzas acabaron con la amenaza de la Bestia…

“Busca en tu corazón”

De manera instintiva y sin pensar apenas lo que hacia, llevé mi mano hasta mi pecho izquierdo; mi corazón. Allí, en un bolsillo interior de mi cazadora, mis dedos sintieron las frías curvas del metal de un pequeño objeto que ya creía conocer; aquél que había estado apunto de asfixiarme mientras permanecía encadenado.

Una llave.

¿De donde había salido? ¿Quién la había puesto allí? ¿La desequilibrada señora Norris? Y de ser así… ¿Cómo lo había hecho? Preguntas sin respuestas que no tenía tiempo de considerar.

Metí la llave en la puerta donde me esperaba –quizás ya sin vida- mi hijo.
Ésta giró, y la puerta cesó en su empeño de amagarme la vida.
Lo encontré exhausto en la esquina de la habitación. Débil si, pero vivo. Liberado del trance al que había estado expuesto, sacó fuerzas de los más hondo de su ser y juntos atravesamos la laberíntica mansión en pos de una salida que anunciase un nuevo día. Apenas quedaban un par de minutos para el colapso. Paredes enteras se desmoronaban a nuestro paso, y lo que antaño fue signo de poder y ostentación ahora se derruía como si de un endeble edificio malogrado se tratara.

En medio de la agonía que proporciona el saber que en cualquier momento puedes quedar sepultado vivo, Barker reía con estridencia y alevosía, aún observando los restos de su victima.

Loco en su totalidad, y con una amplia sonrisa en los labios, murió sepultado entre toneladas de escombros. Cuando semanas después la gente por fin se atrevió a revivir aquel infecto lugar y le encontraron, no le reconocieron. En sus últimos minutos de vida había pasado a ser alguien completamente distinto…

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Ultima edición por Paskuator el Dom Ago 06, 2006 2:58 pm, editado 2 veces
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MensajePublicado: Dom Ago 06, 2006 12:59 pm Asunto Responder citando

Con el tiempo la antigua casa de la colina, pasó a ser “El parque de la colina”, una amplia zona verde, donde los niños jugueteaban alegres, ajenos a la maldad que durante décadas había encubierto el lugar.

Jamás pasó nada extraño. Ningún muerto se levantó de sus tumbas, no hubo constancia de ritual satánico alguno, ni los niños se volvieron locos al frecuentar lo que antes había germinado en una extensión del averno. El mal había cesado, para siempre.

Pero no todo el mal.

Consciente de lo afortunado que era, ahora que mi hijo volvía a mi lado, intentaba no pensar mucho en esos temas… pero a veces era inevitable. Puede que Houdhill, una ínfima parte del mundo, se hubiese salvado. Puede que hubiésemos purificado una zona. ¿Pero cuantas más quedaban? ¿Cuántos horrores por descubrir, tan cerca de nosotros y sin embargo invisibles a nuestros ignorantes ojos? La latencia propia del mal asolaría otros pueblos, quizás otros mundos.

Al fin y al cabo, ¿Qué es una rosa marchita en un rosal?

FIN

-----------------------

Bueno, ahí está. Disculpad lo extenso que es, pero soy incapaz de crear historias mas cortas que estas jajajaja Smile Embarassed

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guardian
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MensajePublicado: Dom Ago 06, 2006 2:53 pm Asunto Responder citando

Muchas gracias Paskuator, yo me leí en su día la versión conjunta, así que ahora, al haber realizado modificaciones implantando tu estilo, volveré a leerlo, seguro que está muy bien Very Happy
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Marxianna
Jefe de mazmorras
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Registrado: Jun 29, 2006
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MensajePublicado: Dom Ago 06, 2006 3:01 pm Asunto Responder citando

Se te perdona la extensión, Pas xDDD Está muy bien.

Como coescritora (más o menos) de la historia original, he de decir que esta historia hace honores a la anterior xDDDDDD Muy bien escrita...Sobre todo la parte picantona.... Rolling Eyes Wink
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niktgrump
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MensajePublicado: Dom Ago 06, 2006 6:08 pm Asunto Responder citando

Está muy bien. Has conseguido darle una coherencia,una unidad que a ratos faltaba en La Casa De La Colina, que por otro lado era lo que más me gustaba del relato Very Happy
Como sigamos así Guardián va a tener que cambiar el nombre de la página a Lamazmorraabandonliteraria o algo así
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Cthulhu
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MensajePublicado: Dom Ago 06, 2006 8:27 pm Asunto Responder citando

sisi, me gusto mucho el cuento (cuento corto?), ahora quedo mejor.

hay la parte picantona ts ts. nah, queda bien xD.
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Paskuator
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MensajePublicado: Dom Ago 06, 2006 9:59 pm Asunto Responder citando

Gracias xD La parte "X" (de pincantona nada xD "X") surgio mas que nada para no recurrir a lo tipico, y en cierto modo sorprender al lector (que creo que no se espera eso xD). En cieto modo si vuelve un poco mas.. "humana" la historia, mas.. vulgar xD pero bueno, al menos tenia un porqué Razz

¡Saludos!

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Marxianna
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Registrado: Jun 29, 2006
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MensajePublicado: Lun Ago 07, 2006 3:27 pm Asunto Responder citando

Sí,sí queda muy...humana xDDDDD Inesperada,desde luego Razz

Me repito más que el ajo, pero me encanta cómo escribes Pas!! Wink
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opel
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Mensajes: 44

MensajePublicado: Lun Ago 07, 2006 5:25 pm Asunto Responder citando

exelente relato, lo has escrito tu solo?? Confused
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Paskuator
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Registrado: Feb 02, 2006
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Ubicación: Generalmente en FrikiDune
MensajePublicado: Lun Ago 07, 2006 7:33 pm Asunto Responder citando

Sip. Lo unico "conjunto" fue la idea inicial de "hijo raptado". Lo demas es mio Smile

Me alegra que te haya gustado Razz

¡Saludos!

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