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Modalidades históricas de distribución de software
 
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guardian
Administrador
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Registrado: Oct 28, 2005
Mensajes: 8450

MensajePublicado: Vie Jun 07, 2013 7:58 am Asunto: Modalidades históricas de distribución de software Responder citando

Shareware, freeware, beerware y otras modalidades históricas de distribución de software

Mucho han cambiado las formas de distribución de software si nos retrotraemos a finales del Siglo pasado. Denominaciones que, en algunos casos, sonarán a chino a los más jóvenes, acostumbrados como están a modelos que ya no guardan relación alguna con aquellas pretéritas alternativas a la comercialización y venta del artículo definitivo. Y es que, hace dos décadas también existía la posibilidad de probar un producto incompleto antes de pasar por caja y rascarse el bolsillo. O, al menos, sin dejarse buena parte de los ahorros en el intento.

La modalidad histórica más conocida de todas por parte del público usuario la constituyeron, sin ninguna duda, los programas shareware. No en vano, fue la que gozó de una mayor repercusión a tenor de los resultados que se registraban en Estados Unidos y Gran Bretaña, principalmente.



Su surgimiento hay que situarlo en la década de 1980 gracias al trabajo de dos programadores norteamericanos, Andrew Fluegelman y Jim Knopf. Ambos editaron dos aplicaciones de gran utilidad para la época como fueron "PC-Talk" y "PC-File", programas encaminados a facilitar las comunicaciones y la gestión de las computadoras. No obstante, no querían arriesgar todo su tiempo y dinero en el desarrollo de dichas aplicaciones sin conocer el interés que podrían suscitar, por lo que idearon un medio de distribución muy poco convencional denominado "Bulletin Board System" (BBS). Este sistema no era otra cosa que un tablón de anuncios electrónico que permitía a los usuarios conectarse entre sí utilizando para ello un programa terminal con el que poder llevar a cabo funciones de todo tipo como descargar archivos y datos, leer noticias, intercambiar mensajes e, incluso, disfrutar de juegos en línea.



(Andrew Fluegelman, Bob Wallace y Jim Knopf; artífices de lo que hoy conocemos por shareware)


La idea de Andrew Fluegelman y Jim Knopf se basaba, por tanto, en algo tan aparentemente sencillo y lógico como probar una versión recortada de lo que acabaría siendo un programa completo, disfrutando gratuitamente de ella durante un plazo de tiempo. Si tras el consiguiente período de prueba el programa resultaba interesante al usuario, bastaba con pagar una cantidad de dinero a su autor para que éste continuase desarrollándola y así obtener la versión registrada. Toda una revolución en la informática doméstica que fue atribuida finalmente a Jim Knopf (creador, a su vez, de la prestigiosa compañía ButtonWare) por parte de Peter Norton, debido a los errores cometidos por su colega Andrew Fluegelman. Entre ellos, asignarse como propio el término freeware impidiendo que nadie más lo usara e incluir el código fuente de la aplicación con la correspondiente pérdida de control sobre su mismo software.

Sin embargo, no puede caer en el olvido otro de los principales programadores de aquella época como fue Bob Wallace, quien por entonces desarrollaría un simple pero versátil procesador de textos que recibió el nombre de "PC-Write". La extraordinaria acogida que tuvo entre los usuarios propició que se dieran los pasos necesarios para su reconocimiento como shareware por primera vez dentro de la industria.



Las ventajas que presentaba un programa shareware tanto para el usuario como para el autor eran numerosas e interesantes. Así, el usuario podía probar el nivel, episodio o función de la que constase evitando realizar un importante desembolso por algo que no le garantizaba una utilidad personal. Además, la comunicación con los autores era mucho más directa, posibilitando un mayor soporte y una vía más sencilla para realizar sugerencias y pedidos. Por su parte, el autor goza de un completo dominio sobre el programa y resulta más factible granjearse una reputación con independencia de que se sea un grande, mediano o pequeño programador.

Pero su éxito no se fraguó de igual manera ni al mismo tiempo en los diferentes países donde se dio a conocer. En Estados Unidos y Gran bretaña sí alcanzaron una gran popularidad a principios de los 90 gracias a las múltiples aplicaciones de sistema y juegos que se desarrollaban. No obstante, y a pesar de que a principios de 1994 los usuarios españoles conocieron esta nueva forma de distribución, en nuestro país gozó en un primer momento de escasa aceptación.



Ello se debía a que la mayoría de esos programas eran realizados por aficionados, lo que en muchas ocasiones condicionaba su calidad. Por si esto fuera poco, para obtener la versión acabada el interesado debía enviar dinero a direcciones particulares de otros países con el consiguiente trastorno que suponía, aparte de la inseguridad que ofrecía.

Tuvo que ser "Doom" el juego que cambiase por completo esta visión de los usuarios españoles, tratándose del primer título shareware que se situaba por encima de la mayoría de los programas comerciales. Su notoriedad daría a conocer otras importantes compañías como Epic, Apogee o Neosoft y nuevas versiones de juegos tan conocidos como "Wolfenstein 3D", "Duke Nukem II" o "Epic Pinball", entre otros. Y todos ellos por la insignificante cantidad de 800 pesetas. A continuación, si el usuario se interesaba por el producto y deseaba hacerse con el título completo, una simple llamada telefónica le permitía adquirir la versión registrada.



Esta idea revolucionaria supuso un "boom" a mediados de los años 90 y así surgieron otras tantas aplicaciones de mayor o menor utilidad como editores de niveles, programas de tarot, procesadores de textos en chino o salvapantallas eróticos. Un sinfín de programas originariamente ideados para MS-DOS que a día de hoy siguen ejecutándose bajo sistemas operativos actuales.

Una de las principales variantes y con la que no debe existir confusión es la correspondiente al freeware, a pesar de que pueda darse algún punto de unión. Dicho término fue acuñado en 1982 por Andrew Fluegelman con la intención de distribuir su famoso "PC-Talk", aunque registrándolo para ello de manera equivocada. A fin de cuentas, estos programas son totalmente gratuitos sin que exista ninguna posibilidad de pago o cobro por su adquisición. Asimismo, se encuentran disponibles por tiempo ilimitado y el objetivo de sus desarrolladores puede radicar en el hecho de que su distribución acarree un aumento significativo en el número de seguidores. Incluso, hoy en día se sigue llevando a cabo esta práctica cuando se considera que un programa ya no puede generar una ganancia económica para su autor.

Pero la mente de los autores nunca descansa y, de la misma forma, hemos sido testigos a lo largo de las últimas dos décadas de otras modalidades de distribución de software bastante curiosas y, en ocasiones, rocambolescas que sorprenderán a más de uno.

Entre ellas, cabe destacar el giftware o, lo que es lo mismo, la obligación que recaía en el usuario de enviar un regalo al correspondiente autor tras probar su producto.

Otro medio creado en 1988 en la revista estadounidense Dr. Dobb's Journal fue el careware (también conocido como charityware, helpware o goodware) cuyo objetivo único residía en las ayudas económicas destinadas a caridad.

Una labor igualmente solidaria es la que se promulga con el greenware al distribuirse sus programas con la condición de que el usuario ayude con sus actividades al medio ambiente.

Los modelos llamados donationware responden a programas totalmente funcionales cuyas licencias solicitan donaciones al autor para así sufragar los gatos de desarrollo o, en su caso, a una organización sin ánimo de lucro cualquiera.



El nagware, por su parte, insta al usuario a registrar un programa mediante el correspondiente pago para evitar los continuos avisos.

Similar función presentaban tanto el postcardware como el emailware, estribando la diferencia en el hecho de que el autor solicitase que le fuera remitida una postal o un correo electrónico.



Pero el colmo de la inverosimilitud lo constituía el denominado beerware, término inventado por John Bristor en 1987, que consistía nada más y nada menos que en el pago de una cerveza en el caso de que el usuario usase su programa.

Todas estas modalidades de distribución han pasado de una u otra manera a formar parte de la historia del software y, en algunos casos, han sido el germen de otros modelos que se utilizan a día de hoy. No en vano, más de uno encontrará asociaciones inevitables con los famosos "Humble Bundle" o los métodos de crowdfunding que tan en boga están en la actualidad.


Guardian_Misterioso
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Centinela
Centinela



Registrado: Mar 28, 2008
Mensajes: 208

MensajePublicado: Vie Jun 07, 2013 2:54 pm Asunto Responder citando

Que buenas epocas, yo los tenia al Doom y Quake en versión Shareware... =')
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